¿Sabía que se necesitan 570 galones de pintura para cubrir la fachada de la Casa Blanca? ¿O que al hogar del presidente francés sólo se puede entrar una vez al año? La arquitectura, el estilo y la decoración son los elementos que dan un sello distintivo a los palacios presidenciales. Sin embargo, cuatro de ellos sobresalen por su historia, la relevancia de sus ocupantes en la geopolítica mundial y los tesoros históricos que albergan. En estos escenarios, en donde duermen los presidentes, también se preservan obras de arte, suntuosos mobiliarios y objetos que pertenecieron a jefes de Estado de otras épocas. Bajo estrictas medidas de seguridad abren sus puertas para satisfacer la curiosidad de quienes se preguntan cómo es la vida en estas viviendas del poder.
La Casa Blanca (EE. UU.)
Hay 132 habitaciones y 35 baños en la casa más famosa del mundo. Hogar del presidente de los Estados Unidos desde 1817 (cuando fue reconstruida tras un incendio), la Casa Blanca no es tan fácil de visitar. Los extranjeros tienen que solicitarlo a través de la embajada de su país en Washington, entre tres meses y 21 días antes de la fecha en la que se aspira realizar el recorrido, que es gratuito. Cámaras de video, bolsos y elementos puntiagudos están prohibidos. Retratos de las familias presidenciales y el mostrador en el que Roosevelt se sentó cuando daba sus charlas por radio al pueblo son algunos de los objetos que se pueden encontrar en el interior del edificio.
Kremlin (Rusia)
Esta fortaleza tiene más de cinco siglos, ocupa 27 hectáreas del centro de la capital rusa y es, en realidad, un complejo de varios edificios de alto valor político, cultural y religioso, conformado por cuatro catedrales, dos iglesias, varias oficinas estatales, cinco palacios menores y el Gran Palacio, que sirvió como hogar de los zares y sus familias entre el siglo XIV y 1713 y volvería a ser la sede del poder en 1918. Son cerca de 700 habitaciones construidas con diferentes estilos arquitectónicos, como el rococó, el bizantino, el barroco y el clásico. Para ingresar hay que revisar las fechas, pues los recorridos se hacen dos o tres veces al mes, generalmente los domingos.
Palacio del Elíseo (Francia)
Construido en 1722, fue residencia de varios personajes ilustres, como la marquesa de Pompadour, Luis XV y Luis XVI, antes de convertirse en la casa del presidente de Francia en 1848. Los salones altos, los jardines bellamente florecidos y su impresionante arquitectura clásica lo convierten en otra joya parisina que merece visitarse. La entrada al público general sólo se permite durante las jornadas europeas del patrimonio, que se celebran el tercer fin de semana de septiembre. El resto del año se puede ver por fuera desde los Campos Elíseos.
Castillo de Praga (República Checa)
Considerado el castillo más grande y antiguo del mundo, fue construido en el siglo IX. Desde entonces, y pese a sucesivas invasiones y guerras, el conjunto arquitectónico ha servido como hogar de los reyes de Bohemia, del Imperio romano germánico, presidentes de Checoslovaquia y, ahora, de la República Checa. Los recorridos por este entramado de edificios incluyen visitas a la catedral de San Vito, la basílica de San Jorge, el antiguo Palacio Real y la galería de pintura. Los tiquetes de entrada se consiguen en la taquilla de la puerta principal desde $10 euros.