Sin embargo, según denuncias de autoridades iraquíes y algunos periódicos como The Nation los empleados de Blackwater desarrollaban funciones para las que no estaban contratados. Es decir, participaban en operativos militares y asesinatos selectivos. Pero el escándalo más grave en el que se vieron implicados cinco de sus empleados fue en un tiroteo en 2007, en el que murieron 17 personas, entre ellas cinco niños. Aunque los contratistas alegaron que fue “por inminente amenaza” que dispararon contra la población civil, una investigación posterior demostró que nunca hubo tal amenaza. El gobierno iraquí denunció a Blackwater por uso ilegal de armas y asesinato.
Después de dos años de investigaciones, un juez estadounidense decidió que los mercenarios no eran culpables de los asesinatos. El gobierno iraquí no aceptó el fallo y anunció que tomará medidas por “el vil asesinato de su gente”.