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La tercera vía de Putin

El mandatario ruso ofrece una solución para el conflicto en Ucrania que quizá podría ahorrarle a su país más problemas internacionales. La alianza militar decide su respuesta al Kremlin.

04 de septiembre de 2014 - 07:50 a. m.
Preparativos para la cumbre de la OTAN, que finaliza mañana. / EFE
Foto: EFE - MAURIZIO GAMBARINI
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Hoy arranca en Gales, Reino Unido, la cumbre de la OTAN de la cual se espera emerja la creación de una fuerza de reacción rápida que podría atender cualquier amenaza a la seguridad de la alianza, principalmente si tales peligros provienen de Rusia.

La idea básica de la organización, que agrupa a 28 países (en su mayoría europeos), es formar un equipo de unos cuatro mil efectivos, que en el término de 48 horas pueda viajar a cualquier país de la alianza para enfrentar una amenaza militar. La nueva fuerza de respuesta tendrá una presencia permanente en países como los estados bálticos (Estonia, Lituania y Latvia), bajo una figura que, técnicamente, evitaría la instalación de fuerzas permanentes en estos lugares.

Esta aparente contradicción tiene su explicación a la luz de un compromiso firmado en 1997 entre la alianza y Rusia, en el que la OTAN se comprometió a no desplegar fuerzas permanentes en naciones del extinto Pacto de Varsovia (el punto más al Este en donde la organización militar tiene tropas constantemente es en Polonia, país que no posee frontera con los rusos). Aunque sin dirigirse específicamente a este punto, Ángela Merkel, canciller alemana, aseguró que las decisiones de la cumbre de la OTAN en Gales respetarán todos los tratados suscritos por la alianza con otros estados.

La solución de la OTAN a este dilema parece que será el diseño de un plan de rotación constante del personal militar de la nueva fuerza, de manera que estos efectivos no clasifiquen como fuerzas permanentes, aunque en la práctica sí signifique que en los estados bálticos habrá tropas de la alianza en todo momento.

Esta nueva unidad será la mayor movida militar de la alianza contra Rusia desde el fin de la Guerra Fría. A la vez representa una suerte de cambio de doctrina en una organización militar que está diseñada para responder a un conflicto tradicional, pero que ha visto con cierta frustración cómo los rusos supuestamente han logrado una gran flexibilidad de operación en Ucrania que incluye el desarrollo de operaciones encubiertas, campañas de propaganda, desinformación y guerra cibernética, todas estrategias que parecen desarticular el poder militar de un organismo hecho para pelear a la antigua, por decirlo de cierta forma.

El despliegue de la fuerza de reacción rápida podría incluir la mejora de instalaciones aéreas y navales, así como el posicionamiento de equipos, armas y elementos de logística en los países bálticos para permitir el viaje rápido y ligero de un equipo que, según la OTAN, puede “atacar duro si se requiere”.

La respuesta rusa ante los planes de la alianza militar ha incluido pronunciamientos de personajes como Mikhail Popov, secretario adjunto del Consejo de Seguridad de Rusia, quien en una entrevista aseguró que la expansión de la OTAN es “uno de los mayores peligros militares para la Federación Rusa”.

Al menos de frente, la estrategia del Kremlin parece no incluir hasta ahora movimientos militares, sino la posibilidad de solucionar la guerra en Ucrania, principal causa de los nuevos planes de la OTAN. Durante una visita de estado a Mongolia, Vladimir Putin, presidente ruso, aseguró que había sostenido una productiva conversación con su homólogo ucraniano, Petro Poroshenko, en la que quedó claro que ambos líderes tienen opiniones similares para ponerle fin a un conflicto que ya ha cobrado la vida de más de 2.500 personas y que incluyó el derribo de un vuelo comercial de Malaysia Airlines.

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Putin dijo haber diseñado un plan de paz de siete puntos para lograr un alto el fuego que, aunque no reveló por completo, incluyen la liberación de todos los prisioneros de ambos bandos, el cese de operaciones militares de los rebeldes separatistas y el retiro de las fuerzas ucranianas de las inmediaciones de las poblaciones que tiene asediadas, principalmente Donetsk y Lugansk, además de la apertura de corredores humanitarios y la organización de brigadas para reparar la infraestructura civil dañada en los ataques. El mandatario ruso instó a las partes a lograr un acuerdo de paz en las conversaciones que sostendrán ambos bandos el viernes en Minsk, capital de Bielorrusia; ese mismo día termina la cumbre de la OTAN y, también el viernes, la Unión Europea podría anunciar nuevas sanciones contra Rusia por su supuesto apoyo a la desestabilización en Ucrania.

Algunos líderes, como Barack Obama, presidente estadounidense, han cuestionado las intenciones de paz de Rusia, al menos hasta no ver acciones concretas en el campo de batalla en Ucrania. Lo cierto es que la estrategia de Putin guarda cierta semejanza con la jugada diplomática que evitó un ataque internacional en Siria al ofrecer desarmar químicamente al régimen sirio: ante una escalada inminente de la crisis (la que sea, al parecer), resulta conveniente ofrecer no una respuesta militar, sino una tercera vía que permita conservar lo ganado y, quizá, no arriesgar más daños a futuro.

 

 

 

slarotta@elespectador.com

@troskiller

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