El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La tiranía de saberlo todo

Una semana después del inicio de la publicación masiva de documentos secretos en cinco grandes diarios, la pregunta que muchos se hacen es si es necesario revelar los mecanismos que ponen en marcha las relaciones internacionales.

04 de diciembre de 2010 - 04:00 p. m.
PUBLICIDAD

En la página de internet del diario Le Monde, al lado de las secciones Internacional o Deportes aparece una nueva categoría: “WikiLeaks”. Desde el domingo pasado, el diario francés, junto con otros cuatro periódicos seleccionados por Julian Assange —fundador de la polémica página que hoy tiene a Estados Unidos en el centro de la polémica mundial— y sus colaboradores cercanos mantienen un flujo de comunicados con extractos, ocasionalmente comentados, de 250.000 documentos diplomáticos filtrados.

Al entusiasmo que despertó la publicación de los primeros cables ha seguido una expectativa más calmada y una serie de fuertes críticas. Por un lado, la ausencia de grandes revelaciones ha desinflado a los lectores tanto como tranquilizado a los diplomáticos. Por otro, la filtración masiva de documentos ha recibido duros comentarios de intelectuales como Umberto Eco y Elisabeth Roudinesco, quienes en el diario Libération hablaron de una “dictadura de la transparencia”.

El editor internacional del semanario Le Point fue más allá al evocar las “falsas filtraciones de información” y “pequeños grandes secretos” con los que los lectores tendrían la ilusión de saberlo todo y que serían la esencia de lo publicado por Wikileaks.

El malestar no viene sólo de la prensa tradicional, el portal de noticias Rue89, conocido por su defensa de la información en internet, criticó que Wikileaks hubiera preferido asociarse a medios tradicionales. “Un insulto para los periodistas, un robo para los internautas” fueron los términos de su columnista Antonin Grégoire. Fuera de Francia también se han formulado reparos. En su edición del viernes, The Independent retomaba las inquietudes de antiguos asociados a Wikileaks, que afirman que el sitio sería selectivo en sus críticas y se concentraría exclusivamente en atacar al gobierno estadounidense.

Rémy Rieffel, ex director del Instituto Francés de Prensa, catedrático de la Universidad de París II y autor de varias obras sobre las relaciones de influencia mutua entre la prensa y el público, comparte las dudas sobre Wikileaks. En diálogo con El Espectador, Reiffel se preguntó: “¿Con qué criterios eligieron lo que pasaron a los diarios? ¿Qué principios están detrás de esa elección? Falta claridad en esa lógica de ‘¡publiquemos todo!’, que, de entrada, va en contra de los principios del periodismo”.

Incluso califica como “una jugada muy inteligente” la alianza que Wikileaks logró concretar con los cinco periódicos a los que les filtró la información. “Eso le permite asociar lo que hace con el prestigio de esos diarios, que es mayor al que tiene internet, donde muy fácilmente pueden publicarse informaciones poco confiables”, explica.

El periodista y escritor estadounidense John Lee Anderson coincide con Reiffel: “Que cinco de los diarios líderes del mundo occidental participen y cooperen publicando la información dada por Wikileaks le da una legitimidad enorme… Crea un argumento contundente contra esas voces políticas que están pidiendo que Assange sea ejecutado”, aseguró en una entrevista a la revista argentina Ñ.

Pero, ¿cuál es el riesgo de publicarlo todo? En palabras de Rémy Rieffel, “en una democracia no puede decirse todo porque se convierte en una dictadura. Una sociedad donde la transparencia total fuera un imperativo para todos sus miembros sería invivible”. Y agrega: “La diplomacia pasa en algunos aspectos por la prudencia y el secreto. Para poder tener una política internacional que funcione hay que ser discreto en ciertos temas”.

No ad for you

Las filtraciones de material diplomático pusieron al desnudo la relación del país más poderoso del planeta con el mundo. Fueron 181 embajadas las que enviaron comentarios personales, informes y hasta datos dignos de una novela de espionaje.  “No resulta extraño, por lo tanto, que tanta revelación, previamente secreta haya hecho saltar las alarmas de una parte sustancial de la diplomacia internacional”, según escribió el catedrático Julián Casanova en el diario español El País.

Para muchos analistas, EE.UU. se enfrenta a una crisis diplomática de imprevisibles consecuencias. Sin embargo, para el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, el daño no es irreparable. “Los gobiernos del mundo no tratan con nosotros porque les gustemos, ni tampoco porque confíen en nosotros; ni siquiera porque crean que somos capaces de guardar un secreto. Lo hacen porque nos temen, otros porque nos respetan, pero la mayoría porque nos necesitan”. Y concluye: “Seguimos siendo la nación indispensable”.

No ad for you

A pesar del cinismo del funcionario estadounidense, dice el filósofo  Umberto Eco que los hechos “sirven para colocar bajo una mala luz a la diplomacia estadounidense”. Y agrega que “la idea de que un hacker cualquiera pueda captar los secretos más secretos del país más poderoso del mundo es un golpe no desdeñable al prestigio del Departamento de Estado. Wikileaks no les hizo ningún daño a Sarkozy, Berlusconi o Merkel, pero hizo uno muy grande a Hillary Clinton y a Barack Obama”.

Conversaciones que en principio tenían un destinatario definido, ahora son de dominio público. Los miedos, debilidades y visiones de la política estadounidense quedaron en evidencia. “Hasta ahora, sabíamos que EE.UU. era poderoso porque todo el mundo se acomodaba a sus políticas, pero realmente no sabíamos cómo lo lograba”, resaltó José Ignacio Torreblanca, en El País.

No ad for you

Por su parte, Rémy Rieffel no ve que las filtraciones tengan consecuencias graves al punto de deteriorar las relaciones entre Washington y los demás países. “No ha sido la tormenta anunciada ni mucho menos el 11 de septiembre de la diplomacia del que llegó a hablarse”, aclaró.

Sin embargo, sí planteará la manera de hacer política a nivel interncional. “A partir de ahora las cosas no serán iguales: todos los diplomáticos van a tener problemas para recopilar información útil de fuentes de confianza. Pero unos lo tendrán más difícil que otros porque, como muestran los telegramas, unos Estados son más iguales que otros”, dijo.

No ad for you

Eco concluyó que “habrá una regresión a los métodos de antaño, imagino a los agentes del gobierno desplazándose discretamente en diligencias por itinerarios imposibles de controlar, llevando sólo mensajes aprendidos de memoria, o a lo sumo, escondiendo unas pocas informaciones escritas en el tacón del zapato”.

En lo que coinciden todos los medios es que Wikileaks plantea una nueva era al periodismo, un cambio entre la relación de las noticias y los políticos. El “cablegate” cambió la manera de comunicarse. “Y no sólo de los diplomáticos y políticos, todos los funcionarios van a ser más desconfiados y cuidadosos con lo que dicen. Los responsables estarán obligados a asegurar mejor la información. La decepción viene de la brecha entre lo que se esperaba al principio y lo que se ha mostrado hasta ahora, que será desagradable para algunos políticos pero para nada un gran triunfo del periodismo o de la libertad de prensa”, concluyó Rémy Rieffel.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias