Una delicada polémica emergió el martes en Estados Unidos tras la publicación de dos informes en el Washington Post y The New York Times, según los cuales, durante la primera reunión que sostuvieron Barack Obama y George W. Bush, el pasado lunes, el segundo le habría condicionado al primero su apoyo al plan de rescate del sector automotor norteamericano a la aprobación demócrata del Tratado de Libre Comercio con Colombia.
Así circuló en la tapa de ambos periódicos, importantísimos medios impresos con fuentes cercanas y confiables a ambos líderes políticos. Tanto el Post como el Times afirmaron que personas conocedoras de lo que sucedió en la reunión afirmaron que Bush manifestó que no vetaría un proyecto legislativo para aprobar el desembolso de 25 mil millones de dólares a los fabricantes de autos de Detroit —incluyendo a General Motors, que está a punto de la quiebra—, “si los líderes demócratas dejaban de oponerse al Tratado de Libre Comercio con Colombia”, afirmó el artículo del Washington Post.
La vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, se apresuró a negarlo. Reconoció la importancia que para George W. Bush tiene el TLC, pero negó tajantemente que el Presidente “insinuara quid pro quo” en lo referente a la aprobación del paquete de rescate al sector automotor.
En plena ebullición de los temores por la recesión económica, un presidente defendiendo un TLC con un país lejano, en detrimento del rescate de un emblema económico como lo es la industria de Detroit, es una apuesta muy riesgosa para Bush. Sin embargo, las sucesivas y aún oscuras filtraciones de la reunión sirvieron para confirmar que el TLC con Colombia se convirtió en el salvavidas de un presidente que deja la oficina con los más bajos índices de aprobación (26%) en la historia política norteamericana.
“Bush no ha hecho nada en ocho años. Su fuerte discurso del “Eje del mal” y sus proyectos de seguridad social fracasaron. Quiere salir de la presidencia dejando algún legado y éste parece ser el TLC con Colombia”, afirmó el profesor de la Universidad de Harvard y director del Buró Nacional de Investigación Económica, Jeffrey Frankel.
Así también opinaron dos periodistas del Washington Post, quienes hablaron en condición de anonimato: “El TLC con Colombia es la última cosa que Bush quiere lograr antes de abandonar la presidencia y su principal prioridad”, afirmó un reportero conocedor del Capitolio. “El Presidente siempre ha abogado por el libre comercio y ahora, con el paquete de estímulo al sector automotor que desean los demócratas, podría usar su poder de veto para lograr la aprobación del TLC”, confesó otro periodista cercano al Partido Republicano.
Con la bandera del Tratado en manos de los republicanos y la necesidad demócrata de empezar a demostrar resultados en materia económica, se reafirma la incertidumbre del Acuerdo. “En estos momentos hay un estancamiento entre la Casa Blanca y el Congreso, y es absolutamente imprevisible cómo se resolverá esta discusión”, dijo una fuente cercana al Congreso.
Obama se encuentra aún condicionado al apoyo político de los sindicatos, que se oponen radicalmente al libre comercio con Colombia. Sin embargo, para Frankel, esta coyuntura también abre una ventana de oportunidad: “Obama es un hombre muy inteligente, con consejeros muy hábiles, y favorecerá el libre comercio. Esta puede ser una oportunidad para que lo apruebe como un compromiso necesario para poder rescatar a la industria automotriz, sin perder credibilidad”. Pero la posición demócrata sigue inalterada y así lo confirmó ayer la vocera de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al afirmar que la prioridad es garantizar el bienestar de millones de norteamericanos afectados por la crisis y que el TLC con Colombia debe ser “considerado por sus propios méritos”.
Según se supo, las filtraciones surgieron del círculo de asesores que rodea a Obama. El hecho provocó la furia de Bush, cuyos asesores se limitaron a darle un consejo al sucesor: “Senador Obama, sería usted más sabio si mantuviera la boca cerrada”.