Khaled Sheikh Mohammed, uno de los autores intelectuales de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, fue arrestado el 1º de marzo de 2003. En sus confesiones, logradas a través de torturas, habló de otros implicados en ese atentado, por el cual hace trece años se inició la guerra contra el terror. Mohammed mencionó a una tal Aafia Siddiqui, como una miembro operativo de Al Qaeda. Desde entonces esta mujer, una paquistaní especialista en neurociencia, empezó a aparecer en las listas de los terroristas más buscados.
Siaddiqui cumple hoy una sentencia de 86 años de prisión en una cárcel en Fort Worth, Texas, y no será liberada hasta el 6 de agosto de 2083. Pero no ha pasado al olvido. El Estado Islámico (EI), la organización yihadista que controla algunas zonas en Irak y Siria, intentó negociar su liberación a cambio del periodista estadounidense James Foley, quien finalmente fue decapitado el 19 de agosto.
El EI propuso a cambio de la liberación del periodista un rescate de US$100 millones o la libertad de Siddiqui. Los yihadistas luego sugirieron intercambiar una estadounidense de 26 años de edad por US$6,6 millones y Siddiqui. Sin embargo, el gobierno estadounidense, que considera a la paquistaní una amenaza contra su seguridad nacional, rechazó ambas ofertas, bajo su política de no negociar con terroristas.
También, en 2013, la Brigada Mulazamin, afiliada a Al Qaeda y liderada por el exdirigente de la organización en el Magreb Islámico (AQMI) Mojtar Belmojtar, secuestró a varios trabajadores de una planta de gas argelina para pedir la liberación de Siddiqui a cambio de los rehenes.
¿Por qué estas organizaciones se empeñan en pedir la liberación de Siddiqui? Es un misterio. Su vida está llena de intrigas y daría para escribir libros enteros. Se sabe que nació en Karachi, en una familia de clase media-alta con tradición islamista. En 1990, a sus 18 años, migró a EE.UU. para graduarse en neurociencia en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y obtener un doctorado en la Universidad de Brandeis, en Boston. En 1995 se casó con el anestesista paquistaní Amjad Mohammed Khan, en un matrimonio arreglado por sus padres por teléfono.
En 2002 volvió a Pakistán, después de que el FBI los cuestionara a ella y a su marido por una compra de US$10.000 en visores nocturnos, chalecos antibalas y 45 libros militares, realizada antes de los atentados del 11S. En Paquistán, después de tener su tercer hijo, se separó de su marido y se supone que se casó con Ammar al-Baluchi, un supuesto sobrino de Khaled Sheikh Mohammed que hoy está preso en Guantánamo.
Un año después de llegar a su país, el FBI emitió una alerta global sobre su captura y Siddiqui desapareció junto a sus tres hijos. Se suponía que salía para Islamabad, pero nunca regresó a casa.
Es un misterio lo que pasó con durante los siguientes cinco años. La versión estadounidense indica que estuvo escondida entre Afganistán y Paquistán y planeó atentados para Al Qaeda. La familia de Siddiqui, sin embargo, dice que fue secuestrada y torturada en el centro de detención de Bagram, en el norte de Kabul.
Durante esos años, Siddiqui empezó a ser llamada la “Mata Hari de Al Qaeda”, “La Dama Gris de Bagram”, “Lady Al Qaeda”, y se convirtió para los islamistas radicales, que también creen que estuvo presa en Bagram o que fue secuestrada y torturada por estadounidenses, en una víctima emblemática de la “guerra contra el terrorismo”.
El 18 de julio de 2008, Siddiqui fue capturada por el FBI en Gazni, Afganistán. Según las autoridades norteamericanas, llevaba documentos con instrucciones para crear bombas químicas o expandir el ébola. Un informe del Daily Mail dice que algunos de sus objetivos eran el Empire State , el puente de Brooklyn, el metro de Nueva York o la Estatua de la Libertad.
Tras su captura, Siddiqui estuvo involucrada en un episodio violento con autoridades estadounidenses. Según información recogida por el diario británico The Guardian, en la estación de policía de Gazni agentes norteamericanos entraron a una habitación donde estaba ella detrás de una cortina. Un soldado se sentó, dejando su rifle M-4 en sus pies. Y de repente todo cambió:
“La mujer estaba de pie allí, apuntando con el arma a la cabeza del oficial. Un traductor se abalanzó sobre ella, pero era demasiado tarde. Disparó dos veces, a los gritos de “¡Fuera de aquí!” y “¡Allahu Akbar!”. Nadie fue baleado. Como el traductor luchó con la mujer, el segundo soldado sacó su pistola y disparó, impactándola en el abdomen. Ella cayó, todavía pataleando y gritando que quería “matar a estadounidenses”. Luego se desmayó, fue la versión de los abogados durante el posterior juicio.
La familia de Siaddiqui niega estos hechos. “Ella estaba en custodia. ¿Cómo iba a arrebatar un rifle a seis mariscales armados de EE.UU., una mujer? (…) son agentes del FBI entrenados en armamento. Simplemente no tiene sentido”, ha declarado su hermana.
Siaddiqui fue llevada en helicóptero a una base aérea de Bagram, donde recibió atención médica. Diecisiete días después la trasladaron a Nueva York, para enfrentar siete cargos de asalto e intento de asesinato. Por eso, desde 2010 está condenada a 86 años de cárcel. En contra de su encarcelamiento se han realizado múltiples protestas en Pakistán y se creó un movimiento on line (Aafia Movement) dedicado a probar que “Lady Al Qaeda” fue torturada por estadounidenses y fue erróneamente sentenciada.
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