El 4 de enero de 2006 el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, sufrió una hemorragia cerebral que lo dejó en estado vegetativo. A pesar de su delicada condición, sus hijos, Omri y Gilad, decidieron mantenerlo con vida bajo asistencia médica. Sin embargo, tras ocho años en coma, la salud del exprimer ministro es cada vez más precaria. Aunque hace un año dio muestras de un incremento de su actividad cerebral, los médicos advirtieron que el primer ministro no era consciente de su circunstancia y a pesar de su gran fortaleza, sus sistemas vitales comenzaban a deteriorarse.
Hoy su situación es crítica, a tal punto que allegados suyos han admitido públicamente que le pueden quedar apenas unos días de vida. Según el parte médico del hospital de Tel Hashomer, cerca de Tel-Aviv donde se encuentra hospitalizado, varios órganos vitales de Ariel Sharon han dejado de funcionar normalmente. En los últimos días los médicos le detectaron un grave fallo renal, pero se rehusaron a practicarle una diálisis por los riesgos que ello supondría para su salud. El director del hospital, Zeev Rotstein, que habla por primera vez en público de la salud del exdirigente israelí, fu muy claro: “Su estado es definido como crítico, lo que significa que su vida está en peligro”.
Ariel Sharon es uno de los políticos más reconocidos del país. Nació el 27 de febrero de 1928 en la Palestina bajo mandato británico, fue la mano derecha del fundador histórico de la derecha nacionalista, Menahem Begin, quien accedió al poder en 1977, antes de revolucionar el panorama político israelí. A pesar de su pasado guerrerista, fue el inspirador de un gran proyecto: fijar las fronteras de Israel, que hubiera podido cambiar el rumbo del conflicto israelo-palestino si el destino le hubiera dado tiempo.
“El Bulldózer”, como lo llamaban algunos por su imponente físico, inició su carrera militar a los 17 años. Al frente de la unidad 101 de los comandos y después de las unidades de paracaidistas, lanzó operativos de castigo sobre territorio palestinos. El más sangriento se saldó en 1953 con la muerte de cerca de sesenta civiles en la localidad palestina de Kibia.
En 1969, este amante de la mano dura quebró por mucho tiempo la resistencia palestina en Gaza con operativos de comandos. Durante la guerra de octubre de 1973 volvió a demostrar sus capacidades militares al atravesar el canal de Suez y rodear al ejército egipcio con una audaz maniobra. Entonces consolidó su aura de héroe de guerra, que comenzó a cambiar cuando se convirtió en ministro de Defensa en el gobierno conservador de Menahem Begin. Se enfrascó en 1982 en una interminable y desastrosa invasión del Líbano para tratar de expulsar a Yaser Arafat. Una investigación oficial lo declaró culpable de no haber previsto ni impedido las masacres perpetradas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en septiembre de 1982 por una milicia cristiana aliada a Israel. Tuvo que dimitir.
El 28 de septiembre de 2000, una visita a la explanada de las Mezquitas en Jerusalén este, tercer lugar santo del islam, avivó la indignación. Al día siguiente estalló la segunda Intifada. Con la promesa de aplastar la revuelta palestina, fue elegido primer ministro el 6 de febrero de 2001 y reelegido el 28 de enero de 2003.
Desde el poder, este hombre de guerra sorprendió a todos al anunciar que lo que buscaba era la paz. Sus ofrecimientos a los palestinos (“nunca les he humillado, me respetan y les respeto; saben que pueden confiar en mí, que digo lo que pienso y que hago lo que prometo”) fueron contradictorios, pues si por una parte hablaba vagamente de un Estado palestino desmilitarizado, por la otra descartaba la retrocesión de nuevas áreas en Cisjordania. Para Sharon, lo esencial y prioritario era la seguridad de Israel; una vez afianzada ésta, afirmaba, se abriría camino la paz.
En 2005 puso en entredicho su sueño del “Gran Israel” al ordenar la evacuación de la franja de Gaza, en 2005, tras 38 años de ocupación. Nadie hasta entonces se había atrevido a tocar la política de la colonización para desmantelar asentamientos. Tras ser un paladín de la colonización de los Territorios Palestinos fue el gran gestor de la retirada israelí de la franja de Gaza y el desmantelamiento de colonias instaladas en esta región.
Luego abandonó el Likud; fundó Kadima, un partido de marchamo centrista, y convocó elecciones para 2006. El infarto cerebral le impidió presentarse. Su sucesor fue Ehud Olmert.