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Las Malvinas, un conflicto que se niega a morir

Casi 30 años después de la guerra en la que murieron 649 soldados argentinos, 255 británicos y 3 isleños, crece la tensión entre Argentina y el Reino Unido.

31 de enero de 2012 - 05:22 p. m.
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Se ha vuelto costumbre que, cada vez que se acerca un aniversario significativo de la guerra en Malvinas, Argentina despliegue una ofensiva diplomática contra Inglaterra insistiendo en su soberanía sobre las islas. Pero el tinte de las acusaciones esta vez, cuando faltan cerca de dos meses para el 2 de abril, fecha en se cumplen los 30 años del inicio de la guerra, comienza a preocupar a la comunidad internacional. Las relaciones entre los dos países parecen crisparse y crece la tensión entre los gobiernos de Cristina Fernández y del primer ministro británico, David Cameron.

Desde Londres, pequeñas acciones fueron colmando la copa de la diplomacia argentina: la autorización a la participación del príncipe Guillermo de Inglaterra en entrenamientos del Ejército en las islas, el despliegue de una nueva plataforma para explotación petrolera en inmediaciones del archipiélago y el anuncio ayer del envío de uno de sus buques de guerra más modernos al Atlántico Sur para reemplazar a la fragata que patrulla la zona. El HMS Dauntless, armado con misiles antiaéreos de alta tecnología, helipuertos y 60 marines, llegará en marzo.

Desde Buenos Aires, anticiparon la respuesta: no contestarían a ninguna insinuación militar. “La única vía que tiene Inglaterra para salir de este embrollo es la negociación directa con Argentina”, dijo hace algunas semanas Héctor Timerman desde Centro América. Argentina logró el apoyo de los bloques regionales de América Latina y el Caribe (Unasur y Celac), así como de la OEA, para pedir que se inicien negociaciones entre ambos países.

Londres no quiere ceder. Menos aún cuando, por pedido del gobierno de Cristina Fernández, Chile, Uruguay y Brasil comenzaron este año a prohibir la entrada a sus puertos de barcos que lleven la bandera de Malvinas (o Falklands, como son llamadas por los ingleses). El gobierno de Cameron lo tildó de bloqueo y esto, a su vez, incrementó el malestar en los círculos diplomáticos.

Dentro de Argentina, la decisión tuvo sus contradictores también. “La política de Argentina hacia las Malvinas es una locura, errática y sin sentido”, afirma el periodista Jorge Lanata. “El bloqueo de los puertos es más de la misma locura. La Argentina necesita integrar a las islas, no aislarlas. Tenemos que afrontar el hecho de que hemos perdido la guerra. Malvinas no es parte de Argentina, eso es parte de nuestra imaginación. Estamos tan cegados por años de retórica que no podemos ver”. Semanas después, en las islas, se prohibió sin explicación el desembarco de un crucero de turistas proveniente de Argentina.

Más allá de este juego de “toma y dame”, lo cierto es que desde que terminó el conflicto bélico en 1982 el tema estructural que sigue sin resolverse es el mismo. Argentina insiste en que se abran negociaciones bilaterales para tratar la soberanía de las islas, mientras que Gran Bretaña dice que no hay nada de qué hablar ya que los isleños no tienen deseo de dejar de ser parte del Reino Unido. Así, mientras el ejército británico moviliza sus fuerzas para garantizar la seguridad del príncipe Guillermo en la isla, desde Inglaterra la presión crece. Hasta el punto de que, semanas atrás, Cameron acusara a Argentina ante la Cámara de los Comunes de colonialismo.

Varios miembros del gobierno argentino protestaron inmediatamente. Pero fue la misma presidenta, en su primera aparición pública después de su operación por un posible cáncer de tiroides, quien, aunque crítica, marcó el rumbo: “Esto es como el mundo al revés. Quieren convertirnos en los chicos malos o mostrarnos como la fuerza violenta. Hay que entender que ésta es una decisión política de la sociedad argentina. No esperen de nuestra parte gritos destemplados o xenófobos”.

“No les pedimos a los isleños que dejen de ser ingleses, como tampoco lo hacemos con cualquier otra persona de diferente nacionalidad que viva en nuestro país”, agregó la mandataria.

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Pero desde las islas, el mensaje ha sido también claro. “Argentina tiene que respetar los deseos de los isleños, y nosotros queremos quedar bajo la soberanía de Gran Bretaña. El punto fundamental de todo esto es la autodeterminación, algo escrito claramente en las Naciones Unidas. Reino Unido ahora mismo no es un país colonialista, es un error hablar de eventos de hace más de 170 años”, dijo Dick Sawle, legislador del archipiélago. Lo curioso es que para su defensa, Argentina se remite también a la misma resolución de la ONU que, según ellos, instaba al gobierno británico a negociar la soberanía de las islas.

Ambos países han señalado en ocasiones anteriores su interés de mantener la paz por sobre todo, y Argentina, específicamente, ha dicho reiteradamente que su reclamo es pacífico.

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Observadores dentro y fuera del Cono Sur coinciden en que la situación geopolítica cambió mucho desde los años ochenta, cuando ocurrió la guerra. En general hay un consenso sobre la improbabilidad de que se desate un nuevo conflicto armado. Sin embargo, ha llamado la atención la aspereza reciente del lenguaje utilizado por ambas partes.

De acuerdo al diario británico Financial Times, algunos analistas afirman que el interés del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por el tema es desviar la atención del público sobre una agenda de recortes presupuestarios luego de haber incrementado el gasto en la última campaña de reelección.

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Y dicen lo mismo sobre el gobierno de Cameron, señalando que las declaraciones sobre su reunión con el Consejo de Seguridad Nacional para revisar la situación en las islas coincidió con el anuncio de podas presupuestarias en Inglaterra.

Mientras tanto, en Argentina hay un grupo de ciudadanos, en su mayoría jóvenes nacidos después de la guerra, que no entienden por qué no se considera el deseo de los isleños de ser ingleses.

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La directora Tamara Florin, realizadora de un documental sobre las islas, asegura que no hay nada de Argentina en ellas. “Lo único que se parece remotamente es tal vez el paisaje árido que se asemeja a la Patagonia. Sé que es total y políticamente incorrecto hablar de este modo en la Argentina, y cuando lo hago, incluso entre gente de mi edad, la respuesta puede ser un silencio sepulcral”, señala.

Analistas políticos concuerdan en que el gobierno de Cristina Kirchner seguirá echándole leña al fuego en los próximos meses, hasta la fecha del aniversario de la guerra. Desde Casa Rosada buscan que la presión internacional obligue a Inglaterra a sentarse a la mesa.

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En el gobierno comienzan a realizarse acciones: después de cinco años nombraron a una nueva embajadora en Londres, Alicia Castro, cuya prioridad será trabajar para que el gobierno británico acepte al menos iniciar una serie de conversaciones y negociaciones con respecto a la situación en Malvinas.

Así mismo, la presidenta argentina pidió públicamente al canciller Héctor Timerman desclasificar el Informe Rattenbach, elaborado durante la última dictadura militar, el cual señala las responsabilidades por la derrota militar en Malvinas. “Fue una decisión militar errónea enviar a tantos chicos por el capricho de la dictadura”, dijo la presidenta hace unos días. Ahora, claro, el enfoque es otro. Aunque con el mismo fin. Argentina quiere las islas y se negará a usar la fuerza. Espera que sea suficiente la presión internacional, para que Inglaterra ceda.

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