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Las palabras que señalan el camino

Cientos de miles de personas, en su mayoría jóvenes y sonrientes, algunos llegados desde tan lejos como California, Kansas, Kenia, Japón o Alemania, están en las calles de Washington para dar testimonio de ese momento, excitante, insólito, lleno de posibilidades, creado en torno a una figura tan excéntrica de la política tradicional que ha devuelto la fe a auténticas masas de descreídos.

19 de enero de 2009 - 06:00 p. m.
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Es cierto que cada cuatro años el pueblo norteamericano se rinde ante el nuevo presidente con la ilusión infantil que caracteriza a esta sociedad. Pero esta vez hay algo más.

Las primeras 24 horas de Obama como presidente serán una vorágine de actividad que marcará el resto de sus primeros 100 días. Todo ello desde una nueva filosofía, en la que se entierra la división superficial entre buenos y malos, y con un nuevo estilo, escuchando antes de tomar decisiones.

Esto es, al menos, lo que se promete y lo que mantiene aquí a la gente casi unánimemente en torno a su nuevo presidente, un valor, el de la unidad, que Obama intentará preservar. Obama necesita prolongar esos sueños y conservar el respaldo de los ciudadanos, porque éstos, a su vez, van a necesitar paciencia. Ni Guantánamo se va a cerrar al día siguiente de que lo ordene Obama ni la crisis económica va a desaparecer con las nuevas medidas. Obama necesita extender el actual período de gracia antes de que los resultados de su gestión sustituyan a sus hermosos discursos.

Pero, de momento, las palabras también cuentan. Las palabras son, en definitiva, las que señalan el camino. Y hoy es un día de palabras, unos 17 minutos de palabras que Obama pronunciará para la historia.

*Columnista de ‘El País’ de España.

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