Después de cuatro días de agresivas incursiones israelitas en la Franja de Gaza, las autoridades de la zona informaron que la situación humanitaria está llegando a niveles desastrosos. La última amenaza a la población es la pérdida de electricidad en la mayor parte del territorio, algo que, sumado a los cientos de heridos que inundan los hospitales, es una receta para el desastre.
El continuo deterioro de la situación ha causado docenas de protestas alrededor del mundo. Desde los países árabes hasta las comunidades islámicas de Europa y Estados Unidos, han protestado enfáticamente por la violencia que azota al pueblo palestino.
En respuesta, el grupo armado Hezbolá anunció su apoyo a Hamas. Sin embargo, dicha colaboración se limita a ayuda en propaganda, pues dentro de la organización se debate si se deben reanudar los ataques contra el país judío, ya que una acción de ese índole provocaría una incursión militar de Israel en el Líbano, país base de Hezbolá.
La comunidad internacional se ha limitado a pedir el cese al fuego. El Cuarteto para Oriente Medio, conformado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU, se reunieron de urgencia para buscar una estrategia que permita el cese de hostilidades.
Inglaterra hizo una petición similar, al igual que E.U. No obstante, este último aseguró que Israel tiene derecho a defender a sus ciudadanos de ataques terroristas. Washington incluye a Hamas en la lista de organizaciones terroristas desde hace varios años.
Estados Unidos se encuentra en una posición particularmente incómoda, pues el cambio de gobierno no ha permitido esclarecer qué opina Barack Obama al respecto. Lo que sí es claro es que estos sucesos le complican su promesa de campaña de reanudar el proceso de paz.
El panorama se complica pues Israel está evaluando la posibilidad de atacar por tierra.