Helicópteros, botes patrulla y buzos del ejército libanés se encargan de recuperar los cuerpos de los 90 pasajeros del avión de Aerolíneas Etiopes accidentado en la madrugada del lunes sobre el mar Mediterráneo, en la localidad de Naame, 18 kilómetros al sur de Beirut, la capital. El ministro de defensa del Líbano, Elias Murr, aseguró que en la zona las aguas tienen una profundidad de entre 50 y 100 metros, una mala noticia para los familiares de los viajeros que albergaban una esperanza de vida y un dato que indicaría que la caja negra de la aeronave podría ser hallada muy pronto.
Las autoridades libanesas reportaban en la tarde de lunes que al menos 23 cuerpos ya habían sido recuperados. Sin embargo, la identificación de los cadáveres resultaba bastante difícil pues “los cuerpos y los rostros se desfiguraron debido al impacto”, explicaba el ministro de Sanidad, Mohamed Jalife.
Hasta ahora, la razón que desencadenó el siniestro sigue siendo una incógnita. El presidente del Líbano, Michel Suleiman, descartó la teoría según la cual el avión fue blanco de un atentado terrorista. Entre las hipótesis que se barajan, la que toma más fuerza es aquella según la cual la razón de la caída fueron las fuertes lluvias y los constantes truenos que se presentaban en Beirut desde antes del despegue del avión.
“Ellos debieron haber postergado el vuelo por una hora o dos para proteger a los pasajeros. Ha habido fuertes relámpagos y nosotros escuchamos que los rayos golpean los aviones, especialmente en el despegue”, explicaba un familiar de una de las víctimas a la televisión local. Del otro lado, Grima Wake, el presidente ejecutivo de Aerolíneas Etiopes, declaró que no creía probable que la tripulación decidiera despegar con condiciones climáticas peligrosas.
Por ahora, lo único que se conoce con certeza es que hacia las 2:30 a.m. del lunes, el boeing 737 de Aerolíneas Etiopes partió del aeropuerto de Beirut con destino a Adis Abeba, Etiopía. Cinco minutos después del despegue la aeronave desapareció de los radares. De acuerdo con versiones de testigos de Naame, el avión “era una bola de fuego”, que al chocar generó “un relámpago que iluminó todo el mar”.