Hay una metáfora que le gusta mucho a Moncef Marzouki: las décadas de dictaduras camufladas de presidencias en Egipto y los países del Magreb fueron secando la moral y la cultura de sus pueblos, convirtiendo lo que había sido el bosque de los primeros años tras la independencia en algo así como un chamizo. El fuego, la metáfora continúa, con el que Mohamed Bouazizi se inmoló frente a la alcaldía de Sidi Bouzid el pasado 17 de diciembre, habría terminado por incendiar la región. “Es cuestión de poco tiempo antes de que todos los países árabes se hayan liberado por sí mismos de sus tiranos”, piensa el médico y expresidente de la Liga Tunecina de Derechos Humanos que la semana pasada se convirtió en el primer candidato a las elecciones presidenciales del país cuya revuelta sirvió de modelo para Egipto y piensa estar inspirando a ciudadanos argelinos e iraníes.
Marzouki había intentado en otras tres ocasiones lanzar una revolución en Túnez, pero sólo logró la prisión y el destierro. Graduado de la Universidad de Estrasburgo, Marzouki regresó a París en 2001. Exiliado, trabajó como médico entre las poblaciones de inmigrantes tunecinos en el suburbio de Créteil, al este de París. Cuando Zine el Abidine Ben Alí dejó el país, Marzouki volvió a Túnez.
El fenómeno de contagio parece irse confirmando con Egipto y Argelia, pero, al igual que en Túnez, estos regímenes son presidenciales. ¿Qué tan posible es que el fenómeno se repita en Marruecos, donde existe un rey, o en los países de la Península Arábiga, donde los regímenes son mucho más autoritarios?
A pesar de lo impredecible que puede ser la política, muchas veces condiciones similares producen resultados similares. Yo llevo años diciendo que los pueblos árabes no soportan más la represión y la corrupción de sus gobiernos y que las revoluciones comenzarían en cualquier momento. Pasó que la primera fue Túnez. Egipto menos de un mes después. Los marroquíes y los yemenitas, por ejemplo, están en circunstancias similares a las nuestras y veo muy posible que Marruecos se convierta pronto en una verdadera monarquía parlamentaria.
En los años ochenta y noventa usted publicó varios textos en contra de Sadam Husein, que le valieron reproches en el mundo árabe. Sin embargo, la caída de su dictadura no logró la estabilidad ni la paz en el país…
Porque no fue una verdadera revolución sino un cambio de régimen impuesto desde afuera. Fui muy crítico de Husein y en particular lo ataqué con mis escritos cuando invadió Kuwait. Pero también fui muy severo en mi juicio contra la intervención americana. Lo que estamos viendo en Túnez y Egipto muestra que los iraquiés habrían podido liberarse por sí solos y no habrían permitido que el país naufragara en un caos como el que está viviendo.
¿Será también el pueblo el encargado de juzgar a los colaboradores del régimen? ¿Cómo evitar los excesos?
Hay que pensar que hubo diferentes niveles de colaboración, desde quienes se beneficiaron directamente, pasando por quienes ejecutaron crímenes para proteger la dictadura hasta quienes simplemente fueron funcionarios por falta de otras alternativas. Algunas personas serán amnistiadas en nombre de la reconciliación, otras no.
Usted ha hecho también una propuesta de participación popular para la vigilancia de las elecciones. ¿No sería mejor pensar en una veeduría internacional?
Habrá una veeduría internacional, pero recordemos que Ben Alí y Mubarak siempre tuvieron veedurías internacionales al momento de las elecciones y eso no sólo no impidió que continuaran en el poder, sino que les permitió ganar cierta legitimidad.
La relación del gobierno francés con el régimen de Ben Alí ha dado mucho de qué hablar. En particular luego de saber que la ministra de Relaciones Exteriores usó para sus vacaciones de diciembre en Túnez el avión particular de un hombre de negocios muy cercano al presidente.
Es una vergüenza, pero es sobre todo un símbolo de la cercanía de algunos gobiernos europeos con los regímenes dictatoriales. Esa cercanía, que nace de intereses económicos de lado y lado, explica sin justificar el silencio sobre lo que estaba pasando en Túnez.
Más allá de los intereses económicos, ¿qué tan válida era la justificación de ciertos países occidentales en el sentido de que Ben Alí y Mubarak eran una barrera contra las ambiciones de poder de los islamistas radicales?
Es una visión que tiene su origen en lo que pasó luego de la caída del Sha de Irán en 1979, pero las circunstancias son otras. La revolución de Irán tenía un componente religioso, la revolución en Túnez nació desde el pueblo y en ninguna de sus etapas los líderes religiosos han sido quienes han incitado a la sublevación. Y más allá de eso, hay una diferencia gigante entre los musulmanes tunecinos y los talibanes. No veo por qué un pueblo que ha puesto muertos para sacar del poder un gobierno represivo civil vaya a dejarse imponer una dictadura religiosa.
Irán y Yemen no logran restablecer el orden
Los enfrentamientos entre opositores y defensores del gobierno iraní de Mahmud Ahmadineyad continúan. El último episodio de los choques tuvo lugar en la capital Teherán durante el funeral de uno de los dos jóvenes opuestos al régimen que fallecieron durante las protestas del lunes. El Ministerio de Orientación Islámica iraní envió un mensaje a los corresponsales extranjeros advirtiéndoles que tenían prohibido salir a las calles.
En Yemen las protestas también continuaron por quinto día consecutivo. La Universidad de Saná fue centro de una batalla campal derivada de las protestas en contra del presidente Ali Abdalá Saleh.
Libia protesta
El gobierno de Muamar el Gadafi, en el poder desde hace 42 años, comenzó a ser blanco de protestas en Libia. En la ciudad de Bengasi más de 600 manifestantes se enfrentaron a la policía pidiendo por la liberación del activista opositor, Fathi Tarbel, detenido preventivamente. Mientras, los canales de televisión oficial informaron sobre las marchas a favor del líder que tenían lugar en Tripoli y sobre la excarcelación de 110 presos políticos. No obstante, a pesar de que el propio Gadafi haya descrito a las redes sociales como una “conspiración imperialista”, a través de esa vía hoy está prevista una gran manifestación, convocada por 9.000 personas que piden su salida.