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Los defensores de Al Asad

Rusia y China vetaron una propuesta de resolución presentada por Marruecos al Consejo de Seguridad de la ONU. Occidente se preocupa por la continuidad de la violencia.

05 de febrero de 2012 - 04:00 p. m.
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La crisis política y civil en Siria ya supera los 10 meses y aún no se divisa muy claramente cuál será el punto de calma. La oposición reportó más de 100 muertos en los últimos dos días, gente alzada contra el gobierno de Bachar Al Asad que fue “masacrada” por las fuerzas oficiales en la ciudad de Homs. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió una vez más para intentar detener la ola de sangre con una resolución, pero también una vez más, Rusia y China —dos de los 15 miembros permanentes del Consejo— hicieron uso de su derecho al veto e invalidaron la posibilidad de aplicar cualquier medida.

Para Estados Unidos, la Liga Árabe y la Unión Europea no existe duda de que la represión oficial contra los manifestantes ha sido lo suficientemente cruda y dura como para tomar cartas en el asunto. De acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, el despertar del rechazo popular contra Al Asad y la reacción armada del gobierno ya dejan más de 6.000 muertos, entre ellos alrededor de 400 menores de edad. “¿Qué tiene que ocurrir para que actuemos?”, se preguntó la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, quien además pronosticó “nuevos baños de sangre”. Esa fue su reacción a la noticia del veto impuesto por Rusia y China.

A lo largo de la semana anterior, delegados de la Liga Árabe, Europa y Estados Unidos negociaron con Rusia el texto de la que sería la eventual resolución. El embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin, había dejado claro que no se apoyaría ninguna iniciativa que abriera la puerta a cualquier intervención militar extranjera. La propuesta puesta en discusión en el Consejo de Seguridad estuvo a cargo de Marruecos, con escrito que concedía la exigencia de Rusia, pero apoyaba la acción conjunta de toda la organización para llevar a Al Asad hacia su dimisión.

“A menos que denunciemos la violencia de ambos bandos, estaremos tomando partido en una guerra civil”, argumentó el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, para justificar la decisión de su gobierno. Lo mismo hizo China por medio de su representante ante la ONU, Li Baodong, quien aseguró que el veto se impuso “para impedir más baños de sangre y violencia. Es necesario poner en marcha inmediatamente en Siria un proceso político global, y es el pueblo sirio en lugar de las fuerzas exteriores quien debe decidir su destino”.

Antes de iniciar la votación y previendo la negativa rusa y china, el presidente de Estados Unidos ya había anunciado su posición, enviando un mensaje a los opositores: “Los sufridos ciudadanos de Siria tienen que saber que estamos con ellos y que el régimen de Al Asad tiene que caer”. Por supuesto, las posiciones del veto, calificadas por diplomáticos occidentales como intransigentes, generaron la reacción de reproche público en naciones como Francia, cuyo embajador, Gerard Arnau, advirtió que “la historia no tendrá piedad con aquellos que han impedido al Consejo de Seguridad ayudar a la Liga Árabe”.

Con la posibilidad de intervenir políticamente negada, los países árabes ven con impotencia como sus esfuerzos se han ido al vacío. Promovieron una misión de observadores justamente para que reelaborara un informe sobre la situación real de la violencia. Después de ratificar que en algunas regiones la acción de la autoridad era inaceptable, las naciones participantes decidieron retirar su personal ante el recrudecimiento de la violencia. El ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, indicó que Siria se ha convertido en un pulso de poder al viejo estilo de la Guerra Fría: “Rusia y China no votaron pensando en la realidad del terreno. Votaron contra Occidente”. Y Rusia, a través de sus canales diplomáticos, culpa a los países occidentales de no haberse esforzado lo suficiente para lograr un consenso sin intervención.

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