La decapitación del periodista estadounidense James Foley, grabada en video y ejecutada presuntamente por un británico al servicio del Estado Islámico (EI), despertó la consternación internacional y también una gran preocupación por el creciente número de europeos que deciden integrarse a las filas del movimiento islamista que se está tomando una amplia región entre Siria e Irak.
Según versiones de medios de Reino Unido, el verdugo de Foley es el cabecilla de tres yihadistas británicos que son los principales guardianes de los extranjeros en Raqqa (Siria) y que son conocidos supuestamente como los Beatles. Pero son sólo tres dentro de una cantidad de ciudadanos de Reino Unido que han optado por unirse a la lucha islamista.
El flujo de europeos hacia las filas del EI comenzó a causar preocupación a mediados de este año, cuando varios reportes indicaron que un buen número de jóvenes, especialmente musulmanes de Francia y Reino Unido, huían hacia Siria para participar en la guerra civil que ha dejado por lo menos 170.000 muertos.
En principio, la mayoría de los jóvenes se integraban a milicias suníes moderadas que combatían contra el presidente Bashar al Asad. A medida que transcurría la guerra aparecieron otras agrupaciones con mayor capacidad para pagar a sus combatientes. La que en principio se llamó Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) y ahora se conoce simplemente como Estado Islámico apareció como una de las mejores ofertas. Funcionarios iraquíes han asegurado que tiene unos US$2.000 millones en su fondo de guerra, sumados a lo que obtiene de saqueos, impuestos que cobra en poblaciones que controla y millonarias donaciones.
Como la guerra es un negocio, muchos combatientes migraron a las milicias islámicas, aunque les tocara llevar las banderas de la yihad. Otros lo hicieron por convicción religiosa, para instaurar un califato suní entre Irak y Siria.
Desde que comenzó la guerra en Siria en 2011, al menos 2.000 europeos han llegado a ese país para unirse a alguna de las partes, según cifras del Centro Internacional de Radicalización en Londres. Para mayo de este año, este centro calculaba que la mayoría de quienes partían hacia Siria desde Europa eran franceses, seguidos en número por británicos, alemanes, belgas y holandeses. La cifra de jóvenes del Viejo Continente que viajaban a Siria se duplicó con relación a 2013.
El Reino Unido y Francia comenzaron a tomar medidas desde el regreso de cuatro periodistas franceses secuestrados en Siria que aseguraron que algunos de sus captores hablaban francés naturalmente. Las autoridades británicas lanzaron una campaña dirigida a madres, esposas y hermanas de jóvenes musulmanes. París reforzó un plan para reintroducir la prohibición de volar para menores que no cuenten con una autorización de sus padres, así como mejorar la vigilancia en las fronteras y la comunicación con Turquía, que es el punto de entrada para muchos europeos en tránsito hacia Siria.
No obstante, al parecer el flujo de combatientes hacia ese país se sigue incrementando y ahora Irak es también uno de sus destinos. La llegada de tantos europeos a luchar en milicias islámicas coincide también con las campañas de reclutamiento que hacen éstas a través de plataformas como Facebook, You Tube y Twitter. Estas milicias han empezado a reclutar musulmanes extranjeros con videos que muestran el combate en el frente de batalla, además de arengas a emprender una lucha santa.
Y no son sólo europeos. Por conveniencia económica y por convicciones religiosas también se han sumado al EI combatientes de países del golfo Pérsico como Arabia Saudita. Estos países, igual que los occidentales, temen que la expansión del EI plantee una amenaza para sus territorios o que los combatientes regresen a sus casas con experiencia militar y un deseo de difundir el extremismo islámico.