Las fuerzas rebeldes tienen muy claro cuál ha sido el día más glorioso en su lucha contra el gobierno del presidente Bashar al Asad. En 17 meses de revolución los opositores jamás han dado un golpe tan contundente al “régimen” como el que propinaron el 18 de julio. Un miliciano infiltrado en la cúpula de Defensa del Gobierno se inmoló en medio de una reunión en la Sede de Seguridad Nacional, en Damasco.
El Ejército de Liberación Sirio (ELS) ya acosaba con su fuego a las fuerzas oficiales y lentamente había logrado penetrar hasta el centro de la ciudad con una ofensiva sin tregua. El ataque sirvió entonces para dar aliento a los combatientes: la bomba detonada en un recinto del edificio causó la muerte del ministro de Defensa, el general Daud Abdelá Rayiha; del viceministro de la misma cartera y cuñado de Bashar al Asad, el general Asef Shaukat, y del asistente del presidente, el general Hasan Turkmani.
Fueron tres generales de un sólo golpe, sin nombrar las heridas causadas al ministro del Interior, Mohamed Ibrahim al Shaar, y al jefe de la Seguridad Nacional, Hisham al Ijtiar. Las celebraciones inundaron los comandos rebeldes y el optimismo proyectaba un pronto resquebrajamiento del Gobierno. Si bien la guerra continuó, al menos una importante cabeza del articulado oficial había sido aniquilada.
Parecía que el enemigo estaba debilitado, pero Al Asad dio al Ejército la orden de reagruparse para una batalla definitiva por la recuperación del control total de Damasco y Alepo, las dos ciudades más importantes del país. Los enfrentamientos desde entonces no han cesado y las tropas oficiales hablan de su triunfo en la capital. Pero hoy los rebeldes tienen un nuevo impulso para seguir resistiendo, un golpe de enorme contenido simbólico que se suma a su lista de éxitos: Riad Farid Hijab, que hasta ayer fuera el primer ministro de la nación árabe, se refugió en Jordania para anunciar por medio de un comunicado que sus días de servicio a Bashar al Asad habían terminado y que un nuevo ciclo comenzaba en su vida como soldado de la revolución: “Anuncio hoy mi defección de la matanza y el régimen terrorista y mi unión a las filas de la revolución de la libertad y la dignidad. Anuncio que a partir de hoy soy un soldado de esta revolución bendita”.
Hijab fue designado primer ministro en el mes de julio por orden de Al Asad. Un cambio en la posición más importante de su gabinete podría incitar a los rebeldes a disminuir la ofensiva y a trabajar en un plan de reforma política que pudiera acabar definitivamente con la crisis y la guerra. El presidente optó por mover a Hijab del Ministerio de Agricultura, al que había llegado tras una relación de vieja data y de mucha confianza con el jefe de Estado, pues no en vano había sido uno de los principales dirigentes regionales del Baaz, el partido de Gobierno. No obstante, el mandatario hacía esta apuesta al tiempo que aplicaba toda la fuerza represora del Estado contra sus opositores.
La noticia no es que el nuevo primer ministro de Siria sea Omar Ghalawanji, ex viceprimer ministro. La noticia es que Riad Farid Hijab es el último y más importante nombre en el listado de desertores de un gobierno que cada día sufre mayor presión.
Apenas el fin de semana se refugió en Turquía el general de la Fuerza Aérea, Mohamed Ahmed Faris, reconocido por ser el primer sirio en llegar al espacio en una alianza con la antigua Unión Soviética. Una vez a resguardo, se declaró del lado rebelde, como lo hicieron antes de él varios personajes célebres de Siria. Y en julio pasado se rebeló el general Manaf Tlass, amigo de infancia de Bashar al Asad, tres meses después de que lo hiciera el entonces viceministro del Petróleo, Abdo Houssameddine.
Las deserciones han tocado diversos campos del Estado. Junto a los generales citados que abandonaron el régimen también está el coronel Riad el Asad, actualmente en un cargo de alto mando del ELS, por no hablar de las dimisiones del cuerpo diplomático, que ya registra la ausencia de quienes fueran embajadores en Irak (Nawaf Fares) y Emiratos Árabes (Abdel Latif el Dabbagh), y los encargados de negocios en Chipre (Lamia Hariri) y Londres (Khaled el Ayoubi).
Desde el comienzo de la rebelión ya son cuatro los diputados que se han marginado de la coalición política de Al Asad. Los rebeldes celebran y el Gobierno reemplaza mientras las balas siguen dominando el panorama.