Hay nuevas filas de menores de edad que integran Sendero Luminoso, la guerrilla peruana que fue derrotada y desmembrada a mediados de los 90, con la captura de su máximo líder, Abimael Guzmán, quien actualmente cumple una cadena perpetua. Unicef y la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito acaban de condenar el secuestro y la inserción de niños en la organización delictiva.
El pronunciamiento de la comunidad internacional llega después de que, en días pasados, informes militares denunciaran la utilización de infantes por parte de Sendero Luminoso en los ataques que perpetran contra agentes militares en el valle de los ríos Apurímac y Ene, en una zona selvática que le sirve de refugio a los insurgentes desde hace dos décadas. La evidencia del Ejército son las imágenes capturadas en operaciones contra los senderistas en que se aprecia a niños portando fusiles AKM y ametralladoras de gran calibre. «La utilización de niños y adolescentes por parte de Sendero Luminoso constituye una violación de la Convención de los Derechos del Niño (CDN) y los coloca frente a una situación de vulnerabilidad extrema que afecta su desarrollo emocional, social, cognitivo y físico», aseguró UNICEF.
La CDN, según indicó Unicef, «prohíbe expresamente el involucramiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en acciones de esta naturaleza, tanto por parte de grupos armados como de fuerzas armadas». Además, prohibe «el reclutamiento forzoso y obligatorio de menores de 18 años y lo define como una de las peores formas de trabajo infantil».
Aunque la denuncia ha generado conmoción, el uso de niños y adolescentes no es nuevo en Perú y se remonta a inicios de la guerra interna que desató en 1980 Sendero Luminoso. Tras la caída del grupo guerrillero en los 90, quedan columnas consideradas remanentes que actúan en zonas alejadas de la selva en alianza con narcotraficantes, según el gobierno de Ollanta Humala.
«Sendero siempre ha tenido niños, de edades entre 11 y 13 años, a los que llamaba ‘niños pioneros o pioneritos’, que obtenía mediante enrolamientos forzosos en comunidades amazónicas y andinas en los años 80 a fin de convertirlos en combatientes», dijo el sociólogo peruano Jaime Antezana en conversación con la AFP. «Actualmente los líderes senderistas que actúan en el valle de los Ríos Apurímac y Ene lo que hacen es reproducir una vieja práctica senderista», añadió.
Quienes encabezan las columnas senderistas en el extenso valle selvático son los hermanos Víctor, Jorge y Martín Quispe Palomino, que actúan en alianza con bandas de narcotraficantes. Uno de ellos, Martín, conocido como ‘camarada Gabriel’, dirigió el 9 de abril el secuestro de 36 trabajadores de una empresa gasífera en la región surandina de Cusco, que fueron liberados cinco días después. «Los Quispe Palomino también comenzaron siendo chiquillos en los años 1978 y 1979 y ahora hacen lo mismo con sus hijos», refirió Antezana.
El representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) en Perú, Flavio Mirilla, condenó el secuestro de niños por parte del terrorismo y pidió «sanciones muy severas» para los responsables. «Esta acción es totalmente condenable y está en contra de la Convención de los Derechos del Niño, es deplorable utilizarlos para fines bélicos y para el narcotráfico», dijo Mirilla a la agencia oficial Andina.