Desde 1901, el Premio Nobel de la Paz ha sido entregado a 97 personas de todos los orígenes. Y este viernes, un nuevo nombre se llevará el reconocido galardón, otorgado cada año al individuo que “haya hecho lo máximo por promover la paz”, según se lee en su portal de internet.
Este año, 197 personas han sido nominadas al galardón, entre ellas la franco-colombiana Íngrid Betancourt y el hoy primer ministro de Zimbabue, Morgan Tsvangirai.
Aunque para los expertos la selección del premio es todo un misterio, hay quienes han aprendido a predecir el tipo de perfiles que año tras año conduce a la selección del ganador.
La entrega pasada, el especialista en asuntos de paz, Stein Toennesson, predijo que el premio tendría un tinte medioambiental, y que sería Al Gore y la Comisión para el Cambio Climático de las Naciones Unidas quienes se llevarían el reconocimiento. El especialista acertó.
Este año, Toennesson considera que el galardón se lo llevará el individuo que represente la lucha por el respeto a los derechos humanos. Éstos son cuatro de sus candidatos.
Protectora de las víctimas chechenas
Chechenia se ha convertido en sinónimo de guerra y muerte. Debido al petróleo y a la inmensa riqueza que genera, los separatistas chechenos han librado dos cruentas guerras contra un Estado ruso que busca el control absoluto de sus recursos naturales.
La población civil sobrevivió a dos guerras, en las cuales fueron bombardeados y sufrieron los abusos de las tropas rusas, así como las purgas de sus compatriotas separatistas.
En medio de este caos se alza la voz de la abogada chechena Lidia Yusupova para denunciar los excesos de los militares rusos e insurgentes en las guerras de 1994 a 1993, y la de 1999 a 2006, cuando al lado de la asesinada periodista Anna Politkovskaya visibilizó cientos de vejámenes contra los civiles.
Yusupova nació en 1961 en Grozny, la capital de Chechenia; estudió Literatura Rusa y Derecho en su ciudad natal.
Después del estallido de la Segunda Guerra de Chechenia, decidió dedicarles su vida a las víctimas del conflicto a través de Memorial, una organización de defensa de los Derechos Humanos que ella misma dirige y desde la cual ha denunciado ejecuciones sumarias, desapariciones, torturas y violaciones.
Gracias a su trabajo a favor de las víctimas chechenas, Yusupova recibió varios galardones, como el Martin Ennals en 2004 y el premio Rafto 2005.
El nombre de esta abogada es conocido por los jurados que deciden el Premio Nobel de Paz, ya que fue postulada a la distinción en 2006, después de ser amenazada de muerte. La cadena británica BBC la describió como “la mujer más valiente de Europa”.
Una nueva Kenia
Después de las elecciones del 27 de diciembre del año pasado, en donde Mwai Kibaki fue reelegido como presidente de Kenia, el país se sumió en el caos. Por un supuesto fraude electoral estalló una crisis política que duró cerca de cuatro meses y se saldó con la muerte de unas 1.200 personas y más de 300.000 desplazados.
Los que resolvieron la grave situación del país, las protestas políticas, la crisis humanitaria y las luchas tribales fueron el ganador de las elecciones Mwai Kibaki, su opositor, Raila Odinga y la Unión Africana. Esta tarea les valió la postulación al Nobel de Paz.
Kibaki, miembro de la tribu kikuyu, es un hombre muy admirado en su país, pues ha sido uno de suss pocos miembros en lograr educación universitaria. Kibaki estudió Economía, Historia y Ciencia Política y luego de una larga carrera como ministro, en 2002 se convirtió en presidente.
Su gobierno se caracterizó por la lucha contra la corrupción y porque ha sido uno de los pocos que no ha sido derrocado. Sin embargo, a Raila Odinga no le pareció su reelección. Según denunció, un millón de votos fueron alterados para lograr ese triunfo. Su denuncia desencadenó uno de los baños de sangre más graves de los últimos tiempos del país africano.
Con la intervención de la Unión Africana, Kibaki decidió nombrar a Odinga, el líder de la oposición, nuevo primer ministro. De esta forma se acabó con el derramamiento de sangre y se dio un ejemplo de convivencia social y política.
Un disidente chino sin familia
Hu Jian es uno de los mil héroes y pioneros del mundo según la revista Time. Junto a su esposa, Zeng Jinyan, ha denunciado la represión en la que sufre el pueblo chino por parte de las fuerzas del Estado.
Jian pasó de ser un estudiante de informática en Pekín a una piedra en el zapato para el gobierno de la República Popular de China. Sus constantes denuncias en blogs y en entrevistas que ha dado a medios extranjeros le han valido la cárcel. Amnistía Internacional lo declaró “preso de conciencia” por el castigo al ejercer su derecho a la libertad de expresión y denunciar las violaciones de derechos humanos que se cometen en China.
Comenzó su carrera en el activismo como miembro de organizaciones defensoras del medio ambiente, incluida Green Camp en 1997. En 2002 comenzó a mostrar al mundo por medio de internet las constantes violaciones a los derechos humanos en China y a promover la liberación de todos los presos políticos que mantiene el gobierno de su país.
Ese mismo activismo lo tiene desde diciembre de 2007 tras las rejas, luego de ser condenado a tres años y medio de cárcel por “incitar a la subversión del poder del Estado”.
El día de la inauguración de los Juegos Olímpicos, donde China pretendía demostrar al mundo su inclusión y desarrollo, la esposa de Hu Jian desapareció junto con su hija en unas protestas. Zeng Jinyan presumiblemente fue detenida por la policía, según comunicó el grupo de derechos humanos Chinese Human Rights Defenders. Desde entonces no se conoce el paradero de la familia del disidente.
Santidad encarcelada
“En Vietnam no somos libres. Somos prisioneros en nuestro propio país… Prisioneros de un régimen que decide quién tiene derecho a hablar, y quién debe permanecer en silencio”. Así son las frases del monje budista Thich Quang Do, quien ha pasado 25 de sus 80 años en prisión, por oponerse a las arbitrariedades del Gobierno vietnamita.
Como le ha pasado a otros monjes cercanos en Birmania o en el Tíbet, el maestro Quang Do vio desde 1975 cómo un gobierno autoritario buscaba cooptar todas las dimensiones de la sociedad, incluyendo la religión. Pronto, él y su maestro espiritual, Thich Huyen Quang, se convirtieron en la voz de aquellos que buscaban expresarse en una sociedad por fuera del control estatal.
Su lucha comenzó en 1975, cuando el gobierno comunista tomó el poder, y con él, buscó hacerse al control de la iglesia budista unificada del Vietnam. Desde entonces, entre más templos eran tomados por el gobierno; entre más insistía el Estado en que la única iglesia legal era esa que el Partido había creado, más contundentes eran las denuncias del venerable monje.
Cinco veces fue encarcelado. La última, en el año 2001, poco tiempo después de que fuera nominado por primera vez al Premio Nobel de Paz. Desde entonces, permanece bajo arresto domiciliario. Sólo le fue permitido salir una vez, en julio de 2008, para asistir al entierro de su maestro, compañero en su resistencia, también en encierro.
Íngrid también va por el Nobel
El 11 de septiembre el gobierno de Chile en cabeza de su presidenta, Michelle Bachelet, oficializó la postulación de Íngrid Betancourt como candidata al Premio Nobel de Paz. Ese día, el embajador chileno en Noruega entregó al secretario del Comité del Nobel una carta de Bachelet con la postulación. El argumento de la mandataria chilena fue la fortaleza que Betancourt demostró durante su cautiverio en manos de las Farc, que la secuestraron durante seis años.
Ya se entregaron los Nobel Alternativos
El Premio Right Livelihood se creó para reconocer a las personas que no son postuladas en el Nobel, precisamente por eso es llamado el Nobel Alternativo.
Anticipándose al anuncio del ganador del Nobel de Paz, ya hay ganador para el Right Livelihood. Este año el premio lo compartieron tres mujeres: la periodista Amy Goodman, la ginecóloga alemana Monika Hauser y la india Krishnammal Jagannathan.
Al igual que los Nobel, el premio alternativo tiene una filosofía, que consiste en homenajear y apoyar a aquellas personas que “trabajan en la búsqueda y aplicación de soluciones para los cambios más urgentes que necesita el mundo actual”.
El Right Livelihood se presenta en el Parlamento Sueco y es elegido por un jurado internacional. Se entrega el 9 de diciembre y usualmente es entregado a cuatro ganadores que comparten el galardón.