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Los riesgos de intervenir en Siria

Que grupos islamistas accedan al poder o que se generen mayores tensiones entre EE.UU. y Rusia son algunos factores que el gobierno estadounidense considera antes de iniciar una operación militar.

23 de agosto de 2013 - 05:00 p. m.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, duda que una intervención militar de su país en Siria tenga éxito. / AFP
Foto: AFP - JEWEL SAMAD
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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aparece como un rehén de su propio discurso. Durante su campaña por la reelección dijo que el uso de armas químicas en Siria por parte del régimen o de la oposición sería el detonante para una intervención más directa de Washington en el país árabe. Pero después de varios indicios sobre el uso de arsenal químico (aún no comprobado de forma definitiva), el mandatario dice que la intervención tiene demasiados riesgos.

En su primera declaración después del supuesto ataque con gas sarín perpetrado el miércoles por las fuerzas del presidente Bashar al Asad, que dejó alrededor de 1.300 muertos (según la oposición), Obama expresó su grave preocupación, pero dijo que la intervención estadounidense no sería suficiente para resolver el conflicto sirio: “La gente llama a una acción inmediata, se lanza a algo que no termina bien y nos mete en situaciones muy difíciles que pueden resultar en intervenciones muy costosas, caras y complicadas que alimentan el resentimiento en la región”, aseguró en CNN.

Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en mundo árabe de la Universidad Autónoma de Madrid, dice que la primera preocupación de Obama es que su intervención genere un vacío de poder que sea aprovechado por grupos islamistas: “Si hoy cayera el régimen, se haría cargo del poder el conglomerado de la coalición opositora, que es una formación política de corte laico contrario a las tesis islamistas. Pero los islamistas ya dirigen la ofensiva contra Al Asad en muchas regiones del país. Veríamos nuevas tensiones entre estos grupos y la coalición en el poder”.

El segundo obstáculo es la alianza de Rusia y China con Siria. Pero sobre todo Rusia, uno de los principales aliados de Al Asad, que ha vetado en el Consejo de Seguridad las resoluciones para condenar al régimen de Damasco y que ha insistido en que la intervención extranjera no es necesaria, por tratarse de un conflicto interno. Además, Rusia tiene en Siria la única base naval que le queda después de la disolución de la Unión Soviética. Con el fin de defender sus intereses políticos, económicos y militares en Oriente Medio, Vladimir Putin ha prestado un apoyo irrestricto a Al Asad.

Para intervenir, Obama tendría que llegar a acuerdos con los rusos, tendría que garantizarles que conservarán su influencia en la región y que no se van a realizar acciones contra sus intereses. “La verdadera preocupación de Obama está enfocada en el extremo de Asia y Asia central. Allá es fundamental mantener, si no una cooperación, al menos una aparente cordialidad con Rusia”, dice Terán.

Ni Washington ni Moscú quieren empeorar sus relaciones bilaterales, que ya están en un punto muy bajo. En opinión de Barah Mikail, investigador de Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, EE.UU. y Rusia siguen luchando por su influencia en la región y permanecerán como rivales aunque no en un grado tan alto como durante la Guerra Fría. Mientras tanto, otros países tratan de tomar ventaja de las circunstancias”.

Un tercer obstáculo es el principal aliado de EE.UU., Israel. Como no está garantizado que luego de Al Asad llegue al poder un régimen amigable con Tel Aviv, los israelíes no están convencidos de un cambio en el gobierno sirio.

Cuarto: Washington no deja de considerar el efecto desestabilizador de su intervención en la región. Las operaciones estadounidenses en Afganistán, Irak y Libia muestran cuán contraproducentes pueden resultar esas aventuras militares. En Afganistán resurge el régimen talibán. La violencia entre suníes y chiitas revive en Irak. En Libia proliferan grupos salafistas.

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Aun cuando logre ajustar estos inconvenientes e iniciar una intervención, Obama enfrentaría a un ejército mejor armado que los de Libia, Afganistán o Irak. El ejército sirio tiene arsenal traído de Rusia y una batería antimisiles para luchar si se declara, por ejemplo, la exclusión aérea que ha sido impulsada por republicanos en Washington. Además cuenta con el apoyo militar y financiero de Irán, y con combatientes del grupo chiita libanés Hizbolá.

Lo que podría impulsar a Obama a embarcarse en un proyecto bélico ni siquiera está en Siria, sino en la política interna de su país. Si voces como la del senador republicano John McCain siguen pidiendo un bombardeo o la implementación de la exclusión aérea, y la opinión pública se contagia de esas ideas, Obama podría verse forzado a radicalizar su posición.

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Para la comunidad internacional no son suficientes los videos en los que aparecen cadáveres sin rastros de heridas o de sobrevivientes que convulsionan o escupen espuma por la boca, aunque los activistas sirios presentan las imágenes como prueba de la “masacre química” cometida por el Gobierno. Expertos insisten en que las únicas evidencias definitivas serían pruebas de sangre o de orina que contengan rastros de gas sarín u otros agentes tóxicos.

Pero algunos vecinos de Siria no necesitan más pruebas. El presidente de Líbano, Michel Suleiman, condenó el uso de arsenal químico por parte del régimen. El ministro turco de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, exigió que se impongan sanciones a Siria al considerar que se ha sobrepasado “numerosas líneas rojas”. Hace unos meses, investigadores independientes confirmaron que el régimen había usado el arsenal químico en varios ataques y la Casa Blanca anunció que empezaría a armar a los rebeldes sirios.

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El diario francés Le Figaro asegura que la intervención de EE.UU. en Siria ya empezó y hay escuadrones de combatientes del Ejército Libre Sirio que, asesorados por la CIA, Israel y Jordania, se dirigen a Damasco. Ningún gobierno se ha pronunciado al respecto.

Jesús Núñez Villaverde, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, dice en un artículo publicado en El País que no hay que esperar una decisión drástica de la comunidad internacional. Según él, EE.UU. y la Unión Europea seguirán suministrando armas a los rebeldes e intentando controlar el proceso para que no caigan en manos “extrañas”. “Se impulsará algo más la instrucción de combatientes locales, que ya Washington viene desarrollando desde hace meses en suelo jordano, y hasta el despliegue de asesores militares y unidades de operaciones especiales para que traten de mejorar la coordinación entre el batiburrillo de milicias y grupos armados que se resisten a someterse al dictado del Ejército Libre de Siria o del Consejo Supremo Militar”.

 

 

dsalgar@elespectador.com

@DanielSalgar1

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