En un paso inusual, los miembros de este ejército rebelde pidieron ayuda “a todas las organizaciones humanitarias y a los países ricos” en medio de una escasez de alimentos y equipos de salvamento para atender a las víctimas del temblor de 7,5 grados en la escala de Richter.
La situación es grave. De acuerdo con la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres, los equipos médicos y de rescate han llegado a algunas zonas afectadas por el desastre; sin embargo, debido a la condición de las carreteras y al clima invernal, muchos lugares han quedado aislados. En muchas ocasiones, los pobladores de las zonas tribales tienen que caminar por lo menos dos horas antes de llegar a una carretera principal. Algunas vías quedaron por completo sepultadas. Hasta ahora, las autoridades de ambos países han contabilizado más de 350 muertos y, según la gobernación de Badakhshan (Afganistán), una de las zonas más afectadas, el conteo podría tardarse “mucho tiempo”.
Unicef alertó ayer sobre los peligros que corren los niños en la zona, debido a las condiciones extremas de pobreza, las bajas temperaturas y la inseguridad en las zonas afectadas. Un reporte de la agencia EFE asegura que hay colas inmensas ante los hospitales, aunque los esfuerzos han sido insuficientes a pesar de la presencia de la organización Médicos Sin Fronteras (el centro médico con mayor capacidad tiene 1.000 camas y los heridos ya superan los 2.000). El director de la organización Mercy Corps en Paquistán, Arif Noor, ha dicho que los efectos de este terremoto serán mucho menores que los del terremoto ocurrido en 2005, cuando fallecieron cerca de 55.000 personas.