En una jornada en la que se estimó una participación de 3,8 millones de personas, los nicaragüenses salieron el domingo a las urnas para elegir a alcaldes y concejales de 146 municipios del país. Con filas desde tempranas horas, y la polémica ausencia de observadores internacionales, los comicios fueron considerados el más importante termómetro ciudadano a la administración de Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). “Un referéndum”, afirmaba el diario nicaragüense La Jornada, “sobre la gestión del presidente Daniel Ortega Saavedra desde que asumió el poder, resultando reelecto nuevamente en el cargo en noviembre del 2006”.
De todos los municipios en disputa, las ciudades de Managua y León fueron los bastiones clave donde el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista se jugaron los más importantes pulsos políticos. Managua, capital del país, ha estado en manos del FSLN durante los últimos ocho años, poder que aspiraban a mantener con el triunfo del ex boxeador Alexis Argüello, de 56 años. Pero un sinnúmero de críticas a su falta de experiencia, así como el miedo de que este aspirante terminara convirtiéndose en una tuerca más de la maquinaria de gobierno vertical de Ortega, parecían poner en riesgo su victoria en las urnas.
Aunque al cierre de esta edición aún se desconocían los resultados parciales de la jornada, las escasas encuestas nacionales realizadas durante las semanas previas parecían darle la victoria en Managua a Eduardo Montealegre, economista y ex candidato presidencial. “El pueblo de Nicaragua ha decidido que la contienda ya no es entre liberales y conservadores, entre la derecha y la izquierda, sino que es una contienda entre el pasado y el futuro”, declaró Montealegre a los medios extranjeros. “Como lo hemos resumido, estas elecciones son una contienda entre la democracia y la dictadura”.
El proceso electoral de ayer ha creado un malestar general, denunciado por varios medios nacionales, debido a diversas irregularidades que podrían haber empantanado el proceso. En primera instancia, la negativa del Consejo Superior Electoral de que organizaciones como la OEA o Transparencia Internacional para que fungieran como observadores, profundizaron el temor a la manipulación oficial de los resultados.
La Prensa, de Nicaragua, denunció en la mañana que varios fiscales opositores que debían verificar el proceso no habían podido ingresar a los centros de votación, víctimas de supuestas suplantaciones de identidad. En otros puntos de votación, los padrones electorales fueron arrancados por desconocidos, entorpeciendo el proceso.
Pese a esto la jornada transcurrió con calma. Sus resultados serán fundamentales para reafirmar o marcar el declive del poder sandinista.