Más de la mitad de los estudiantes que fueron secuestrados el pasado viernes en el noroeste de Nigeria por el grupo yihadista Boko Haram fueron liberados este jueves, según informó un consejero del presidente de ese país, Muhammadu Buhari.
“Los estudiantes secuestrados en el liceo por chicos de Kankara fueron salvados, el gobierno del Estado de Katsina confirmó la noticia”, indicó Bashir Ahmaad, asistente personal del presidente Buhari, en su cuenta de Twitter.
Las autoridades han dicho que se trata de 344 estudiantes liberados de los más de 500 que fueron secuestrados por los yihadistas. Sin embargo, el número de secuestros aún no es oficial y podría ser mayor.
En un video publicado por el grupo terrorista, uno de los jóvenes secuestrados dijo que con él era uno de los 520 secuestrados, y que algunos de sus compañeros habían muerto. En las imágenes también se observan niños, en su mayoría muy jóvenes, aglutinados en un bosque, en condiciones sanitarias degradantes.
Según informaciones de la AFP, este secuestro masivo fue coordinado por el jefe de la banda Awwalun Daudawa en colaboración con otros dos bandoleros famosos, Idi Minoriti y Dankarami, líderes de grupos armados que aterrorizan a la población en el norte de Nigeria, y perpetran secuestros extorsivos y robos de ganado. Las escuelas del país se han visto en la obligación de cerrar por el peligro latente de un nuevo secuestro. El Sindicato de Maestros de Nigeria ha amenazado con una huelga nacional a menos que el gobierno mejore urgentemente la situación de seguridad en las escuelas.
Según varios testimonios de jóvenes que lograron escapar, los rehenes fueron divididos en varios grupos la misma noche del secuestro. Según una fuente de seguridad los jóvenes que aparecen en el video son los secuestrados por Awwalun Daudawa.
Este nuevo ataque de Boko Haram revive el fantasma del secuestro de más de 200 niñas en la ciudad de Chibok, también en Nigeria, en 2014. Por otro lado, también representa un duro golpe para el presidente Buhari no solo porque los jóvenes son provenientes de su estado, Katsina, sino porque había promovido la teoría de que el grupo terrorista estaba casi derrotado. Los últimos ataques perpetrados por los yihadistas derrumban su teoría.
Hace menos de tres semanas, una milicia antiyihadista informó que combatientes de Boko Haram asesinaron a 43 trabajadores agrícolas en Maiduguri, una ciudad ubicada al noreste del país. La Organización de Naciones Unidas elevó la cifra a 110 civiles asesinados.
Esta masacre, que fue catalogada por la ONU como “el peor ataque contra civiles de 2020”, se suma a la extensa lista de ataques adjudicados a Boko Haram. En octubre de este año, el grupo terrorista perpetró otras dos masacres en las que murieron 22 agricultores en campos de riego cerca de Maiduguri. Este tipo de ataques ha aumentado en los últimos meses. Pese a que el gobierno ha reforzado la seguridad en las principales ciudades, hay pueblos en la región del noreste que continúan estando expuestos a la violencia de Boko Haram y de otros grupos yihadistas, como el Estado Islámico en África Occidental (ISWA), que actúa como una fuerza gobernante ante el abandono del Estado.
“El gobierno debe ocuparse de controlar a los terroristas, hacer que los criminales sean arrestados, desmantelar las bandas y encarcelar a los secuestradores. Este es el mínimo que los ciudadanos esperan de sus dirigentes”, insta el monseñor Ignatius Ayau Kaigama, arzobispo de Abuja, capital de Nigeria.
Algunas decenas de manifestantes, entre ellos familiares de los secuestrados, acudieron a Katsina, la capital del estado, y se reunieron frente a la casa del gobernador con el lema #BringBackOurBoys (Traigan de vuelta nuestros hijos). Todavía permanecen secuestrados más de un centenar.
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