Luego, en junio, se conformó un grupo especial para investigar posibles cambios al Banco Vaticano. Ahora el pontífice sigue adelante con su compromiso reformista: ha creado comisiones para garantizar mayor vigilancia en la movilización de recursos financieros y para luchar contra la corrupción dentro del Vaticano.
Cuando regresaba desde la Jornada Mundial de las Juventudes de Brasil, el pontífice aseguró que no había notado “resistencia” dentro del Vaticano a la reforma de la curia que emprendió y que no sabía cómo acabará la reforma del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el llamado Banco Vaticano, pero que lo importante es “la transparencia y la honradez”. También se refirió al “vatileaks”, uno de los mayores escándalos de corrupción que han sacudido a la iglesia, y dijo que se trata de un problema grande, pero no tiene miedo de enfrentarlo.
A través de un motu proprio (documento papal), el pontífice anunció nuevas medidas para la prevención y lucha contra el blanqueo de capitales, la financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.
Francisco creó el Comité de Seguridad Financiera, con el fin de coordinar a las autoridades competentes de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano, para que los recursos destinados a tales fines se canalicen de manera legal. Además, por orden papal se reforzará la función de vigilancia y regulación de la Autoridad de Información Financiera (AIF) y se creará la función de vigilancia prudencial de los entes y organismos que desarrollan “profesionalmente una actividad de naturaleza financiera”, entre ellos el tan cuestionado IOR.
“Deseo renovar el compromiso de la Santa Sede en adoptar los principios y ejecutar los instrumentos jurídicos desarrollados por la comunidad internaciona“, aseguró el pontífice argentino.