Después de cubrir el conflicto colombiano, sobre todo lo relativo a los derechos humanos en la región del Urabá, Juan Carlos Pérez Salazar empezó a trabajar para la BBC, donde lleva ya 14 años. Ha sido corresponsal en Inglaterra, Francia y ahora México. Desde el interior del conflicto en el país azteca, el periodista ha comparado la situación de las autodefensas en Michoacán, que luchan contra el cartel de los Caballeros Templarios, con las que surgieron en el Urabá colombiano hace dos décadas.
¿Qué similitudes ve entre las autodefensas de Michoacán y las de Urabá en Colombia?
Lo expliqué en una crónica: es como Urabá en los años 90, Michoacán es una zona en disputa entre dos grupos armados. Al igual que Urabá, Michoacán es una próspera y estratégica región agrícola (al aguacate acá le dicen el “oro verde”) y por su puerto de Lázaro Cárdenas el cartel de los Caballeros Templarios saca minerales y entra precursores para las anfetaminas.
Urabá era (creo que sigue siendo) un punto vital para entrar armas y sacar cocaína. Por lo que vi y hablé en Michoacán, parece que uno de esos grupos (las autodefensas) cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, si no por acción, sí por omisión. Lo mismo sucedía en Urabá, donde era evidente que apoyaban a los paramilitares. Por supuesto, en medio de todo esto “la verdad” se vuelve moneda de cambio y cada sector trata de manipularla. Como ocurría en Urabá.
¿Hay diferencias entre las autodefensas de ambos países?
Lo que veo —que son simples observaciones, no reflexiones— es que las autodefensas mexicanas parecen —recalco, parecen— tener una raigambre más popular que las colombianas. Hay sectores de la Iglesia que los respaldan y, algo que llama la atención, podría decirse que quienes las justifican por fuera de Michoacán —analistas, observadores, columnistas— pertenecen a la izquierda.
En Colombia los paramilitares, creo, siempre estuvieron unidos al narcotráfico y a un proyecto de ultraderecha. Asimismo, las autodefensas acá parecen respetar a la población civil, mientras que en Colombia su carta de presentación eran las masacres y los descuartizamientos con motosierras.
Sin embargo, las consecuencias pueden ser parecidas. Hay un dicho que reza: “la naturaleza le tiene horror al vacío”. Como al vacío de poder. Si los Caballeros Templarios son desterrados de Michoacán y el Estado no llena el vacío de poder que van a dejar, lo más probable es que lo ocupen las autodefensas. ¿Y quién va a garantizar que no se salgan de madre, como ocurrió en Colombia?
Algunos dicen que, en cuanto a los carteles, México vive una situación similar a la que vivió Colombia.
Es algo muy difícil de decir. Acá se habla mucho de la “colombianización” de México. Los carteles son muy poderosos en algunas regiones (sobre todo en el norte, cerca de la frontera con EE.UU., por donde pasan la droga). Sin embargo, no veo que tengan al estado en jaque, como creo que ocurrió durante el gobierno de César Gaviria. Hasta ahora los carteles no han dado el paso a una política de confrontación abierta contra el Estado central.
Buena parte de la política antidrogas de entonces —y de ahora— era dictada por EE.UU. y ha resultado en una guerra abierta que no ha dejado mucha opción para explorar otras rutas.
México es un país más poderoso y geopolíticamente más importante que Colombia. Eso le da más margen de maniobra ante la presión de EE.UU. por la lucha antidrogas. Sin embargo, los niveles de corrupción en México son muy altos. Es imposible que los carteles prosperen de esa manera sin la complacencia de ciertas autoridades. En todos los sectores y al más alto nivel, lo mismo que en Colombia.
¿La estrategia del gobierno colombiano y la del mexicano ha sido la misma?
Óscar Naranjo ya es “exasesor” de Peña Nieto. Su nombramiento no fue muy bien recibido acá en México. Expertos con los que hablé me dijeron que había malestar dentro del Ejército. Y algunos medios —sobre todo de izquierda— publicaron reportajes que me parecieron asombrosos, cargados de acusaciones —muchas de ellas, creo, infundadas—, sin permitirle ninguna defensa, o por lo menos sin citar sus posiciones.
Con el tema de Michoacán, en las redes sociales fue acusado de estar detrás de la estrategia de las autodefensas y de copiar lo que había implementado en Colombia, pero creo que es algo muy difícil de probar. Creo que no tuvo la posibilidad de aportar mucho y se estaba convirtiendo en una figura incómoda para el gobierno. Lo de su involucramiento total con el proceso de paz en Colombia parece una salida honrosa.
¿Cómo se viven en México las amenazas de los carteles contra los periodistas que cubren el conflicto?
Es bastante similar a lo que ocurría —y ocurre, creo— en Colombia: los periodistas que realmente están en la mira son quienes están en las regiones donde operan los carteles. Trabajan en condiciones muy difíciles. En Apatzingán, Michoacán —supuesto fortín de los Caballeros Templarios, ahora rodeado por las autodefensas—, un periodista me explicaba que los Templarios los llaman a decirles qué pueden publicar y qué no. El Gobierno, al ver eso, cree que trabajan para los Templarios. Y las autodefensas también sospechan de ellos.
Lo mismo ocurría —y ocurre— en algunas regiones en Colombia con los diferentes actores armados. Acá hay algunas “zonas de silencio” —así las llaman—, donde los medios prácticamente no tocan el tema del narcotráfico. Y algo que ha ocurrido es que las redes sociales (Twitter, Facebook) han venido a suplir ese vacío informativo. Aunque, por supuesto, se presta para mucha manipulación y desinformación.
* Vea textos de Juan Carlos Pérez publicados en www.bbcmundo.com.
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@DanielSalgar1