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Mohamed Mursi asegura ser «el presidente de todos los egipcios»

En su primer discurso rindió homenaje este domingo a los "mártires" de la revuelta popular que derrocó a Hosni Mubarak.

24 de junio de 2012 - 10:26 a. m.
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El presidente electo Mohamed Mursi, primer islamista al frente de la jefatura suprema en Egipto, aseguró este domingo que trabajará para «todos los egipcios», llamó a la unidad nacional y prometió respetar los tratados internacionales firmados por su país.

Mursi consiguió el 51,73% de los votos frente al 48,27% de su rival Ahmed Shafiq, último primer ministro del derrocado Hosni Mubarak.

Cientos de miles de personas festejaron su victoria en la plaza Tahrir de El Cairo, simbolo de la «revolución» que derrocó a Mubarak el año pasado.

«Soy el presidente de todos los egipcios, sin excepción«, declaró en su primer discurso a la Nación como presidente electo, unas horas después del anuncio oficial de su victoria.

«La unidad nacional es el único medio de salir de estos tiempos difíciles«, declaró, refiriéndose a hombres, mujeres, cristianos y musulmanes.

Mursi, que durante su campaña dijo ser el candidato de la «revolución», comenzó su discurso rindiendo homenaje a los aproximadamente 850 muertos durante la revuelta. Hace falta que «la revolución siga, hasta que se hayan cumplido sus objetivos», dijo.

El presidente electo también se comprometió a «preservar todos los tratados y estatutos internacionales«, firmados por Egipto. Entre los principales pactos internacionales figuran los acuerdos de paz con Israel, concluidos en 1979.

Su rival Ahmed Shafiq lo felicitó por la noche, deseándole «éxito en la tarea difícil que le encomendó el pueblo egipcio».

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El primer presidente elegido desde que Mubarak se vio obligado a dimitir por una revuelta popular en febrero de 2011 tiene 60 años, es ingeniero y posee diploma de una universidad estadounidense. También es el primer civil en convertirse en jefe del Estado desde la caída de la monarquía en 1952, ya que todos sus predecesores provenían de las filas del ejército.

Su victoria llenó de alborozo la plaza Tahrir de El Cairo, donde por la noche se concentraban cientos de miles de personas.

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«Alá akbar» (Dios es grande), «¡Abajo el poder militar!«, gritaban sus simpatizantes, mientras lanzaban fuegos artificiales.

«Es una victoria para la revolución egipcia», comentaba un manifestante, Mohamed Abdel Ghafar.

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El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que dirige el país desde la caída de Mubarak, se ha comprometido a entregar el poder ejecutivo al nuevo presidente antes del final del mes. Su jefe, el mariscal Husein Tantaui, felicitó a Mursi.

Pese a contar con la legitimidad que le confieren unas elecciones en las que los egipcios pudieron elegir libremente a su presidente, Mursi dispondrá de un margen de maniobra muy reducido frente al Consejo militar.

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Y es que el ejército recuperó el poder legislativo tras disolver a mediados de junio el Parlamento, controlado por los islamistas, a raíz de una sentencia judicial que declaró ilegal el modo de escrutinio.

Cualquier reforma estará supeditada a los militares hasta que se elija a una nueva Cámara de Diputados.

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El ejército también se reserva un derecho de control sobre la redacción de la futura Constitución del país, y prerrogativas importantes en materia de seguridad y de mantenimiento del orden en este país de unos 82 millones de habitantes.

Un responsable de los Hermanos Musulmanes, Mohamed el Beltagui, afirmó que los partidarios de la cofradía proseguirán con su sentada en la plaza Tahrir «hasta la anulación de la Declaración constitucional complementaria», porque el CSFA «no tiene derecho a confiscar el poder ejecutivo o legislativo».

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Según la comisión electoral, la tasa de participación en la segunda vuelta de las presidenciales, celebrada el 16 y 17 junio, fue del 51,85%, frente al 46% de la primera, el 23 y 24 de mayo.

El anuncio de los resultados desató gritos, lloros e ira en el hotel de las afueras de El Cairo donde estaba reunido el equipo de campaña y los simpatizantes de Shafiq.

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«No veo muy bien cómo este hombre (Mursi) y su grupo pueden representar a Egipto«, se preguntaba Magued, un simpatizante de Shafiq.

«Es un arreglo entre el ejército y los Hermanos Musulmanes«, lamentó otra, que no quiso identificarse. En su opinión, «el ejército teme que el país se suma en la violencia» si Shafiq ganaba.

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Mursi dirige el Partido de la Justicia y la Libertad, el escaparate político de los Hermanos Musulmanes, por lo que se ha beneficiado del activismo de esta cofradía, la más importante y mejor organizada de las formaciones políticas del país.

Shafiq contaba por el contrario con el apoyo de la malla política del expartido de Mubarak, de una gran parte de la comunidad cristiana y de muchos egipcios seducidos por un discurso centrado en el restablecimiento de la seguridad después de una transición política caótica.

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La iglesia copta felicitó este domingo a Mursi.

También lo hicieron numerosos países, incluido Estados Unidos, que espera ver convertido a Egipto en un «pilar de la paz en la región», e Israel, que rindió homenaje al «proceso democrático» y deseó «seguir cooperando con el gobierno egipcio».

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