Su fallecimiento es calificado por opositores cubanos en el exilio como un “asesinato político” del régimen castrista.
Villar, de 31 años, era padre de dos niñas. Fue detenido el 14 de noviembre, en la localidad de Contramaestre, cuando participaba en una protesta de Unión Patriótica, un grupo de disidentes al que pertenecía desde septiembre. Días después, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, fue sometido a un “juicio sumario” por delitos de desacato y atentado a la autoridad. Fue encarcelado en la prisión de Aguadores y allí comenzó la huelga de hambre en protesta por su condena.
Organizaciones de cubanos en el exilio, como la plataforma Cuba Democracia Ya, calificaron la muerte de Villar como un “asesinato político” por parte del régimen castrista y enfatizaron la similitud entre este caso y el de Orlando Zapato Tamayo, quien murió en 2010 tras 85 días de huelga de hambre, al sufrir fallos multiorgánicos.
Los gobiernos de España y EE.UU. deploraron la muerte de Villar, quien a su entender era un joven y valiente defensor de los derechos humanos, y llamaron al gobierno de Raúl Castro a liberar a todos sus presos políticos.