El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Nacidos libres en Sudáfrica: dos caras

Este jueves, hace 20 años, Mandela salió de prisión.

11 de febrero de 2010 - 04:33 p. m.
PUBLICIDAD

Su normalidad es deliciosa. Arrastran los pies por los centros comerciales y miran escaparates sin comprar nada. Estudian o trabajan, y se saben por ello privilegiados. Cuando Mandela fue liberado, hace 20 años, dejaban los pañales o acababan de nacer y la figura del gran hombre les ha acompañado toda su vida, tan cercana o más que la de sus abuelos. El futuro es suyo, y estos jóvenes, blancos y negros, lo saben. Pero esta normalidad, deliciosa por imposible hace sólo dos décadas, se acaba cuando se abandonan los centros urbanos y las universidades, y se llega a los guetos, donde el desempleo y la pobreza abortan los sueños. La liberación de Mandela no ha supuesto ningún cambio para ellos, una generación nacida libre pero presa de la desigualdad económica.

Mike Ramathwala, de 21 años, habla de Tata Madiba (apodo de Mandela, “papá Madiba”), “estaremos para siempre en deuda con él, con los que lucharon contra el apartheid. Soy el primero de mi familia en ir a la universidad”. Ramathwala estudia en Ciudad del Cabo y será médico. Sabe que queda mucho por hacer, “gran parte de la economía está en manos de blancos y muchos todavía no se han arrepentido de lo que hicieron” y disculpa las corruptelas del gobierno del Congreso Nacional Africano: “Ellos venían del exilio o de la clandestinidad, no sabían de finanzas. Será nuestra generación la que acabe con la corrupción”. Habla con aplomo optimista.

Optimismo también el de Ashren Goliath, quien es cajera en un supermercado, “pero esto sólo es para ahorrar y poder estudiar actuación”. Tiene 20 años: “No, no creo eso que se dice que no éramos lo suficiente blancos durante el apartheid y no somos lo suficiente negros ahora (para tener poder político o económico). Todavía hay algo de racismo, pero no como antes. Mandela nos enseñó a luchar por lo que uno cree, a tener confianza y autoestima”.

Mike o Ashren son una minoría: alrededor del 60% de los jóvenes sudafricanos entre 15 y 24 años están sin trabajo. Y en los guetos el porcentaje puede dispararse hasta el 75 o el 80%. Phelo Makalani y Zukisani Biko tienen 20 y 25 años respectivamente.

Zukisani ya ha pasado tres veces por prisión: “Sólo he trabajado cuatro meses empujando carritos en un supermercado”. Dejaron la escuela a los 12 años. Los padres de los dos jóvenes han muerto. Nadie habla de las causas, pero el fantasma del sida aparece. Phelo vive con cuatro hermanos y con su madre, la única que trabaja, 14 euros por día como criada, tres días a la semana. “Mi madre reza para que encuentre trabajo. Pero necesito dinero para el transporte a la ciudad, para buscarlo. Y no quiero robar, lo hice antes”.

Hablan, observan mucho el suelo y vacían la mirada con frecuencia. “Sé de Mandela, en casa se habla de él y de lo que hizo, pero no puedo decir que mi vida haya cambiado por él”, se lamenta Zukisani. “¿Nacidos libres?”, se pregunta Phelo, “las cosas siguen igual, no soy libre, lo seré hasta que tenga un trabajo y pueda mantenerme por mí mismo”.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias