El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Ni Washington ni el D.F. entienden la frontera”

Entrevista con José Reyes Ferriz, alcalde de Ciudad Juárez quien estuvo en Bogotá.

20 de abril de 2010 - 06:56 p. m.
PUBLICIDAD

“Le voy a mostrar por qué estoy optimista”. Saca su iPhone y busca el video. En la pantallita aparece una avenida amplia. Señala los carros: 12 vehículos involucrados en el atentado. Un par de ellos para el tráfico de un lado; otros dos bloquean la avenida en sentido contrario. “Mire”, señala, “mire el Jeep Liberty que bloquea el automóvil  de la víctima”. Arranca el tiroteo y luego la huida. Los sospechosos aún no han sido capturados.

El hombre termina. Silencio.

—“¿Y esto qué tiene de optimista?—

 El alcalde de Ciudad Juárez (en la frontera entre México y Estados Unidos),  José Reyes Ferriz, alza las cejas como diciendo ‘pues obvio’ y responde: “Hace solo dos años, ¡ni siquiera los podíamos ver!”.

Ferriz es el alcalde de la ciudad más peligrosa del mundo (2.658  homicidos en 2009, según la Agencia Estatal de Investigaciones). La recibió con relativa calma, en julio de 2007, y por eso en su momento hablaba más en su campaña sobre logística y seguridad penitenciaria, antes que de narcotráfico y pandillismo. Ahora, reconoce, mientras pasa por Bogotá en un tercer viaje pedagógico a Colombia, que nunca se esperó ese cambio de panorama.

¿Antes de ser alcalde, lo tocó la violencia de la frontera?

No. Yo era maestro universitario. Incluso en los primeros días en la alcaldía, salía sin guardias a los restaurantes a comer, con mi familia…

¿Y en qué momento sintió la guerra?

A finales de 2007, un traficante importante que se llama Gilberto Ontiveros, El Greñas, salió de la cárcel luego de cumplir 15 años de prisión. Salió directo a hablar con sus antiguos amigos, y con su información comenzaron a planear una guerra contra sus antiguos socios, el cartel de Sinaloa. De esto me enteré después  de Navidad. Estaba en la alcaldía cuando  llegó una persona muy alarmada y pidió hablar conmigo. “Acabo de escuchar una conversación en un bar, dicen que va a haber una guerra y que va a haber muchos muertos y que todo empieza el 6 de enero”, me dijo.  Yo le avisé a la policía federal, pero es que uno recibe muchas alarmas…

Y  ésta era en serio…

Sí. El 5 de enero empezaron a matar gente, entre ellos los directores de la policía municipal y estatal. Muchos policías aparecieron después en una lista de nombres de personas que iban a matar. Fue una guerra que duró todo 2008.

¿Cuándo pierde el control de su ciudad?

Ya en marzo de 2008 no teníamos forma de enfrentar el problema. Había miedo. Los policías se iban al cuartel y se negaban a salir. Fue claro que no podíamos  enfrentar el problema.

En esas circunstancias, ¿cómo se decide la entrada del ejército federal?

No ad for you

Fue una llamada del  gobernador del estado al presidente Calderón. Al poco tiempo, nos reunieron al alcalde de Chihuahua y a mí en torno a una mesa con el Procurador y dos secretarios del gobierno (el de Seguridad y el de Gobernación). Y nos dijeron: “Vamos a hacer esto, lo vamos a hacer así, así, así y ustedes hacen esto, esto, esto”.

Y sin  ninguna consulta…

 Así es. Ellos tenían la experiencia de Michoacán, otro estado donde había problemas importantes. Con nosotros aplicaron esa misma fórmula.

No ad for you

Un método que consistió en la entrada del Ejército…

Sí, 2.000 elementos más  200 policías federales. Esta fuerza federal, además, desconfiaba mucho de los policías municipales. Empezaron a revisarlos, les encontraron marihuana, empezaron a detener policías y comenzó un proceso de depuración a partir de exámenes de confianza.

¿Cómo se hace un examen de confianza?

Yo no lo sabía. Cuando yo era alcalde les hice  un  examen antidoping luego del cual expulsé a 150 policías, el 15% de la fuerza policiaca. Mi lógica era: si ellos están con los que venden drogas, es probable que consuman drogas. Luego, cuando llegaron los federales les hicimos exámenes antidoping y ninguno salió positivo. Después realizamos exámenes sicométricos, sicológicos y, finalmente, el polígrafo. Y todos los que fallaban la prueba de la verdad, salían.  Al final, se fue la mitad.

No ad for you

 ¡A esas alturas le quedaba el 35% de la fuerza pública con la que arrancó!

Y después seguimos sacando más.

Usted es miembro de Partido Revolucionario Institucional (PRI), ¿se le complicó trabajar con un gobierno del PAN, enemigos políticos del PRI?

No ad for you

No fue complicado porque yo entendía que se debían tomar vías de solución. Y empecé a trabajar con el gobierno federal de cerca y ellos empezaron a trabajar conmigo, muy bien. Nunca hubo un choque, aunque al comienzo hubo  dudas. Yo creo que no confiaban del todo. Hasta que expulsamos a los policías.

 Usted mencionaba el miedo de la policía, ¿a usted no le da miedo?

No ad for you

Ha sido un proceso muy complicado, con amenazas muy reales que de ninguna manera desestimo ni subestimo. Pero uno no piensa en si sentir o no sentir miedo; uno piensa en hacer o no hacer las cosas. Y mi decisión ha sido hacer las cosas, con las debidas precauciones.

¿Duerme bien? Después de ver tanto descuartizado, tantos mensajes tenebrosos, ¿sueña con los delincuentes?

No ad for you

Duermo muy bien. Pero no duermo lo suficiente para soñar y me acuerdo de pocos sueños.

¿Cómo le hizo frente a la crisis  económica?

Juárez es una de las ciudades con más crecimiento en México en los últimos 20 años. Somos la tercera ciudad que recibe más inversión extranjera en todo Latinoamérica, especialmente en el sector automotriz. Cuando se vino la crisis de los Estados Unidos perdimos el 25% de los empleos industriales en la ciudad. Y eso generó una crisis económica muy profunda. Pasamos de tener pleno empleo a una ciudad con 20% de desempleo. Súmale a eso la reducción del presupuesto por la baja de un 50% en las regalías del petróleo mexicano.   Dado el problema de la seguridad,  temíamos que Juárez se nos convirtiera en una ciudad desierta y me tocó salir, viajar, hablar con los empresarios. Con ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo empezamos a encontrar soluciones. Gracias a ellos logramos que empresas como Electrolux y Johnson & Johnson, que cerraron plantas en Estados Unidos, se trasladaran a Juárez.

No ad for you

A todas estas, ¿cómo le ha ido con el gobierno Obama?

Las cosas han cambiado. Con Bush era bien claro que la política era: reconocer que en México había un problema y luego construir un muro para que el problema no se les viniera. En 2009, luego de más de un año de entrar el ejército, había comenzado una nueva etapa en la violencia. Como los dos Carteles (Sinaloa y Juárez) ya no estaban traficando por nuestra ciudad, comenzó una guerra entre sus pandillas para controlar el menudeo en las calles. Casi el 60% de los muertos de esa nueva guerra tenían entre 14 y 24 años. Estas pandillas solo existen en Juárez porque surgen en la cárceles norteamericanas y sus miembros eran deportados a Ciudad Juárez, sólo el año pasado llegaron 7.000.

¿Y cómo cambió esa situación con Obama?

Fui a El Paso (EE.UU.) y cené con Janet Napolitano (secretaria de Seguridad Nacional de Obama). Finalmente logramos suspender la deportación de criminales por Juárez. Eso demuestra la apertura de la administración Obama.

No ad for you

Y ahora, ¿qué pasa con ellos?

Los siguen deportando por otras ciudades como Tijuana (pausa). ¡Los otros alcaldes ya no me quieren! (se ríe con timidez).

Eso habla muy bien de sus dotes diplomáticas, pero ¿no cree que se estarían creando otras ‘Ciudad Juárez’?

No ad for you

Yo he puesto eso en la agenda nacional. Esto lo sabe el secretario de Gobernación, lo saben en México y Estados Unidos y ellos deberían firmar un acuerdo para que los delincuentes sean enviados a Ciudad de México. Mientras no se cambie esa situación, el problema se va a generar en otros lados.

¿Ustedes no tienen proyectos de desarrollo interfronterizo, además de vigilar la frontera ?

No ad for you

No. Nada. Además, pasa una cosa bien interesante.  Washington está a 5 mil millas y Ciudad de México está a 2 mil millas. Y ni Washington ni el DF entienden la frontera.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias