La aprobación del documento supone un paso hacia la erradicación de la pobreza, pero el show durante la reunión ministerial en Bolivia se lo roban los países que exigen cambios en el sistema interamericano de derechos humanos.
La Organización de Estados Americanos (OEA) debe reinventarse o desaparecer. Esa fue la consigna de los dirigentes de los países de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA), que llegaron a la cumbre del organismo multilateral que comenzó hoy en Cochabamba, Bolivia, con fuertes interrogantes por su falta de representatividad y la denunciada ineficacia de su organismo adjunto, la Corte Internacional de Derechos Humanos (CIDH). Además de la retórica de cuño chavista enarbolada por representantes de la izquierda latinoamericana, el logro más representativo de hoy fue la aprobación de la Carta Social de las Américas, un documento que incluye conceptos de inclusión, equidad y derechos colectivos para la consolidación de la democracia.
El consenso necesario para aprobar la Carta Social de las Américas se logra después de seis años de debate. La aprobación del documento, que es complementario a la Carta Democrática Interamericana aprobada en Lima hace 10 años, fue considerada un hito por parte de los ministros asistentes, quienes se comprometieron a trabajar en el plan de acción que necesita el texto para lograr que el desarrollo social vaya de la mano con el económico, en un continente donde 300 millones de personas (el 34% de la población) son pobres. El presidente de las sesiones de la Asamblea y anfitrión, el canciller boliviano David Choquehuanca, sostuvo que el instrumento ayudará a cambiar la vida de la población americana, porque los estados ratifican que la erradicación de la pobreza crítica es un propósito esencial para consolidar la democracia.
Desde 2005, recordó hoy el canciller de Argentina, Héctor Timerman, en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata (2005) los presidentes destacaron la importancia de elaborar la Carta Social y su plan de acción para lograr sociedades con más oportunidades para la gente.
Los primeros artículos de la Carta Social señalan que «los pueblos de América tienen una legítima aspiración a la justicia social y sus gobiernos la responsabilidad de promoverla». «Los pueblos de América tienen derecho al desarrollo en un marco de solidaridad, equidad, paz, libertad y los estados el deber de promoverlo con el fin de erradicar la pobreza, en particular la pobreza extrema y alcanzar niveles de vida dignos» para todos. También señala que la promoción y observancia de los derechos económicos, sociales y culturales son consustanciales con el desarrollo integral, el crecimiento con equidad y la consolidación de la democracia en los estados del hemisferio.
La canciller mexicana, Patricia Espinoza, dijo que el instrumento guiará a la OEA en sus esfuerzos de desarrollo «con especial atención en la inclusión social y la disminución de la inequidad» y planteó que el plan de acción sea hecho con criterios técnicos. Su homólogo peruano, Rafael Roncagliolo, subrayó que este es un «importante hito hemisférico en el fortalecimiento de los derechos sociales, económicos y culturales».
Críticas a la CIDH
Lo que se está robando la atención en Cochabamba es la fuerte corriente que llega exigiendo cambios de fondo en el sistema interamericano de derechos humanos. El presidente de Bolivia, Evo Morales, inauguró el 42 período de sesiones de la asamblea general diciendo que «para la OEA hay dos caminos: o muere al servicio del imperio o renace para servir a los pueblos de América». En esta refundación de la OEA es importante la reorganización de la jurisdicción de la CIDH para la supervisión de los derechos humanos», no sólo en la región sino en Estados Unido. También planteó: «si no quiere velar por los derechos humanos en Estados Unidos, mejor que desaparezca la Comisión Interamericana de Derechos Humanos», concluyó Morales.
Lo que los países del Alba, comandados por Chávez, han manifestado es que la OEA –organismo creado por EE.UU. en 1994- está destinada a mantener el control del “imperio” norteamericano sobre la política regional del centro y sur del continente. Algo que no están dispuestos a aceptar las naciones antiimperialistas que cada día toman más fuerza en la región.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, criticó a la CIDH, a los medios «manipuladores» que día a día levantan “injurias”, y a las ONG de los países desarrollados que «satanizan» a los estados y sus políticas públicas. Enfatizó en que es “aberrante” que la sede de la CIDH esté en Washington, cuando Estados Unidos no ha suscrito la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Respecto a la Relatoría de Libertad de Expresión de la CIDH, afirmó que en realidad defiende «la libertad de extorsión», y afirmó que él no es «intolerante» con la prensa, sino con la corrupción, la manipulación y la mentira. En América Latina «la prensa miente y manipula en nombre de la libertad de expresión», dijo.
Correa también afirmó que los «procesos revolucionarios de Latinoamérica» están «cambiando la relación de poderes en función de las mayorías» para acabar con Estados que calificó de burgueses, y que la burocracia de la OEA funciona a veces al margen de la realidad continental. Más concretamente, el mandatario criticó la ineficacia de la OEA ante situaciones «coloniales» como la de las Islas Malvinas, que Argentina reclama al Reino Unido, o el embargo de Estados Unidos a Cuba. Para Correa, Fidel Castro tuvo razón cuando llamó a la OEA «ministerio de colonias» de Estados Unidos.
La delegada de Estados Unidos, Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta para la región, se limitó a decir que su país sí quiere reformar y perfeccionar la OEA y sus instituciones “pero significa que tenemos que trabajar constantemente para llegar a un consenso de cómo podemos implementar ese objetivo», declaró. «Creo que nosotros podemos llegar a un consenso, a una resolución sobre el sistema interamericano de derechos humanos, preservar la independencia, la autonomía y que todos nosotros podamos estar de acuerdo con ese proceso», dijo.
El “consenso” (figura a la que también acudió EE.UU para lograr que Cuba no fuera invitada a la pasada Cumbre de las Américas en Cartagena) para que el sistema interamericano sea reformado y se enfoque en proteger los derechos humanos tanto en Norteamérica como en el resto del continente, se ve aún lejano. Hasta ahora el único acuerdo posible en la reunión que finaliza mañana es la histórica aprobación de la Carta Social de las Américas. Habrá que ver la celeridad con la que actúan los estados para concretar y poner en práctica el plan de acción que traerá igualdad al continente.