Después del encuentro mantenido el martes pasado por los embajadores ante la Alianza, en el que tuvieron la oportunidad de escuchar las explicaciones de una delegación georgiana, Estados Unidos solicitó la convocatoria de una reunión de ministros.
En los últimos días, Washington ha criticado con dureza la agresividad de las tropas rusas en Georgia, cuyo Gobierno es un aliado clave de EE.UU., y ha reiterado que las regiones de Osetia del Sur y Abjasia deben quedar bajo control de Tiflis.
El Gobierno de George Bush considera que, con la invasión de Georgia, Moscú ha sembrado dudas sobre el papel que pretende jugar en la escena internacional, en alusión a sus aspiraciones a integrarse en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en Europa (OCDE).
Pero aunque el resto de miembros de la OTAN coinciden en condenar el uso excesivo de la fuerza por parte de Moscú e insisten en que sus tropas deben volver a las posiciones que tenían antes del inicio de las hostilidades, no todos comparten con EE.UU. la conveniencia de buscar el enfrentamiento directo con Rusia.
Las divergencias a este respecto entre los países europeos ya quedaron de manifiesto la semana pasada, en el Consejo extraordinario de ministros de Exteriores de la UE.
Mientras el Reino Unido consideró que los 27 deben revisar su relación con Rusia y cuestionó, incluso, la conveniencia de continuar negociando un nuevo acuerdo de asociación con Moscú, otros Estados miembros, como Francia y Alemania, dejaron claro que no es el momento para ese tipo de decisiones.
En el trasfondo de las relaciones entre la UE y Rusia siempre está la cuestión energética, dado que Moscú es el principal suministrador de petróleo y gas para el Viejo Continente.
El jefe de la diplomacia francesa, Bernard Kouchner, cuyo país preside este semestre la UE y que ha desempeñado un activo papel, junto a su presidente, Nicolas Sarkozy, en la consecución del acuerdo de paz entre Rusia y Georgia, incidió en que ahora la prioridad es poner fin a los combates y atender a las víctimas.
Kouchner rehusó, como sus colegas finlandés y luxemburgués, asumir el papel de juez para señalar “quiénes han sido buenos y quiénes malos” en este conflicto.
También el ministro alemán, Peer Steinmeier, apostó por una comunicación fluida con Moscú y subrayó que la UE debe contribuir a aumentar la estabilidad en la zona del Cáucaso, pero no “sin o contra Rusia, sino con Rusia”.