El embajador de EE. UU. en Colombia, William Brownfield, presentó la más reciente medición de cultivos ilícitos realizada por Washington. Según el estudio, los cultivos de coca en Colombia se redujeron 29%, mientras que el potencial de producción de cocaína bajó 39%.
El informe aparece justo la misma semana en que la Cámara de Representantes de Estados Unidos considera la posibilidad de crear una comisión especial para evaluar y redireccionar la estrategia antinarcóticos de este país.
También esta semana fue publicado en Washington un documento que sugirió transformar el enfoque de la política de reducción de cultivos ilícitos.
Según la Oficina para las Américas de Washington (Wola, por su sigla en inglés), tras una década en la que el promedio de coca cultivada se ha mantenido estable, las evidencias demuestran que los programas no han sido capaces de ofrecer una alternativa viable a los campesinos cultivadores de coca y amapola. De acuerdo con Coletta Youngers, investigadora de Wola, los programas de erradicación forzada han empobrecido al campesinado y, en muchos casos, lo ha conducido a las manos de actores ilegales: “La mayoría de campesinos son pobres y tienen cosechas pequeñas, así que la destrucción rápida de sus fuentes de ingreso profundiza su pobreza, reforzando a su vez su dependencia en los cultivos ilegales”.