El informe de desarrollo humano lo ubica en el lugar 150 entre 177 países en el mundo. La miseria es extendida. Más del 80% de la población sobrevive con menos de dos dólares diarios y más de la mitad en condiciones infrahumanas y extrema pobreza. La malnutrición infantil crónica asciende al 25%, el analfabetismo ronda el 50% de la población y la dependencia de las remesas provenientes del exterior se estima en el 40% del producto interno.
El 80% del presupuesto de las instituciones de gobierno y de la inversión pública proviene de cooperación internacional. Si bien el país ha contado con numerosa cooperación extranjera, ésta no ha dado muestras de eficacia. Es frecuente ver los escombros de proyectos de cooperación iniciados y nunca terminados por haber sido mal concebidos o implementados.
La realidad socioeconómica y la falta de educación contribuyeron para que una de las principales fuentes de sustento y supervivencia fuera el carbón natural a través de la tala de árboles. Esto ha hecho que la deforestación alcance altísimos niveles y ha facilitado que el país sea extremadamente vulnerable a los desastres naturales.
De otra parte, la inestabilidad política ha sido una constante en el país. Ante esta situación, la OEA y la ONU se comprometieron a buscar el retorno a la democracia en la otrora denominada Perla del Caribe. Después de negociaciones con los golpistas, Jean Bertrand Aristide, quien fue derrocado en 1991, regresó en el 94 y retornó al poder en 2001 después de un proceso electoral cuestionado. Pero el caos, la violencia y la poca legitimidad internacional hicieron que Aristide partiera al exilio.
Después de su salida, la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah) se instauró en 2004 con un marcado liderazgo latinoamericano. Debió enfrentar los retos que presentaba el paso del conflicto armado a la reconciliación y paz, de una cultura no democrática a una sociedad democrática y de un estado fallido a una nación-estado.
Comprometidos en este esfuerzo, durante esta tragedia, muchos de los miembros de la Misión perdieron su vida y hoy todavía se estima que hay unos 150 funcionarios desaparecidos entre los escombros de su sede. Aún continúan los esfuerzos por rescatarlos y, de todo corazón, conservo la esperanza de que mis antiguos colegas, compañeros y amigos logren sobrevivir.
Ante esta tragedia, el desafío adquiere una envergadura mucho mayor. Hoy es urgente la necesidad de solidaridad inmediata y la coordinación de la ayuda de emergencia. Pero, además, desde ahora hay que planificar a largo plazo. Es necesaria la sincronización de esfuerzos conjuntos de la comunidad haitiana, la cooperación internacional y los organismos financieros para desarrollar un plan ambicioso, efectivo y comprehensivo de apoyo a la reconstrucción y el desarrollo a mediano y largo plazo.
*Ex oficial político Minustah. Decano Programa RR II Universidad Jorge Tadeo Lozano.