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Por la defensa del Kurdistán

Ciudadanos occidentales que abandonan sus países para luchar contra el Estado Islámico son los últimos aliados del pueblo kurdo.

10 de marzo de 2015 - 10:39 p. m.
Soldados de las fuerzas kurdas conocidos como peshmergas se desplazan por el oeste de Kirkuk, en el norte de Irak. /EFE
Foto: EFE - KHALIL AL-A'NEI
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Cada vez las historias sorprenden menos en Europa. La última, la más reciente producción de Al Hayat —la división audiovisual del Estado Islámico (EI) para lenguas extranjeras—, un programa titulado Historias desde la tierra de la vida, recoge el testimonio de Abu Suhaib al Faransi, un empresario francés de 65 años que un día despertó y se dijo a sí mismo: “es hora de luchar por la yihad”. Entonces se convirtió al islam y viajó a combatir a esa porción de Siria que controla el califato.

Mucho se habla en Occidente de estas historias, de ciudadanos que lo tienen “todo” y que un día, como encandilados por una luz inexplicable, se despiden (a veces) para aterrizar en Irak, Siria o Libia y automáticamente convertirse en enemigos de su propia historia nacional. El primer ministro de Francia, Manuel Valls, ha cifrado en 3.000 los occidentales (europeos principalmente) que ahora combaten en las filas del EI, pero la progresión es alarmante, pues esta suerte de epidemia fanático-religiosa podría hacer crecer el número total a 10.000 en 2015, de acuerdo con las proyecciones del gobierno de París.

Quizá por esta razón, aunque llamativas e inquietantes, las historias ya comienzan a ser una anormalidad cotidiana en las noticias que poco a poco se normaliza. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los ciudadanos occidentales que deciden tomar una decisión similar, pero hacia un bando diferente: las fuerzas kurdas, los llamados peshmergas que combaten, justamente, al Estado Islámico en el Kurdistán. Esta es, como ya la llaman algunos medios de Europa, una “yihad al revés”.

La agencia The Associated Press publicaba en septiembre pasado el testimonio de un ciudadano danés, Shaho Pirani, en una versión que bien podría ser antagónica a la de Abu Suhaib al Farans. Antropólogo de 30 años, Pirani hoy combate en el norte de Irak y posa en las fotografías con un rifle Kalashnikov. Es de ascendencia kurda y en junio del año pasado pasó por un breve período de entrenamiento militar sobre el terreno que hoy defiende. Volvió para despedirse de su exesposa y de su madre, quienes le insistieron en que quizá esa no sería la mejor decisión que tomaría en su vida. Él les respondió que hay momentos en los que vale la pena sacrificar todo por los derechos básicos.

No existe un número exacto de combatientes europeos en la línea de los peshmergas. Son minoría, sin duda, si se comparan con la imagen globalizada del EI, pero los cálculos no van más allá de 100, o como dijo recientemente Mehmet Tanriverdi , vicepresidente de la comunidad kurda en Alemania, se trata de “docenas”. Justamente de Alemania, donde se encuentra la comunidad kurda más grande de Europa, es del país del que provienen la mayoría de las hasta ahora poco conocidas historias de solidarios espontáneos con la causa del Kurdistán, esa región a la que la historia ha desintegrado en territorios de diferentes soberanías y que nunca ha podido ver la luz desde los ojos de un Estado.

La unión de fuerzas ha sido variada hasta ahora. Desde motociclistas alemanes de la banda del “Median Empire” (que rescata una afinidad histórica con el pueblo kurdo), motociclistas holandeses de la llamada “No surrender”; los hermanos británicos Polad y Lahur Talabani; y del estadounidense Jordan Matson, de 28 años. Todos estos casos han sido reportados con testimonios de defensa de la opresión contra el pueblo kurdo y la convocatoria a defender el que consideran su territorio de la amenaza más latente en la actualidad.

El representante del gobierno regional del Kurdistán en Suecia, Shorsh Kadir, afirmó recientemente que las milicias en el norte de Irak, más que efectivos necesitan armamento. Los viejos Kalashnikov con los que cuentan los peshmergas no están a la altura de las armas actuales y diversas de la yihad. A su favor cuentan con el apoyo tácito de Occidente, que apunta a los enclaves importantes de EI y no llama aún la atención sobre esta otra fuga de patriotas que se apropian de luchas ajenas.

 

 dalarcon@elespectador.com

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