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Presidente chino, en Cuba para tomar el pulso de las reformas

Xi Jinping analizará si los cambios en la isla favorecen la inversión extranjera. China es el segundo inversor en Cuba, después de Venezuela.

24 de julio de 2014 - 05:17 a. m.
Los presidentes de Cuba y China, Raúl Castro () y Xi Jinping (c), pasan revista a las tropas formadas para la ceremonia de recibimiento en el Palacio de la Revolución de La Habana (Cuba). / EFE
Foto: EFE - Liu Bin/POOL
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El presidente Xi Jinping aterrizó el lunes en La Habana para conocer de primera mano las reformas económicas adelantadas por Cuba, sobre todo en el área de la inversión extranjera, con miras a concretar viejos y nuevos negocios que, pese a la histórica relación política entre ambos gobiernos, no han llegado a ejecutarse. Esta es la cuarta y última escala de la gira que durante la última semana ha emprendido Xi por América Latina y que lo ha llevado antes a Brasil, Argentina y Venezuela, en donde ha firmado préstamos millonarios y decenas de acuerdos de cooperación. El Gobierno de Raúl Castro aspira a que ocurra lo mismo en la isla, pero antes China deberá cerciorarse de que Cuba ha cumplido con los deberes.

“China ha tocado el clarín para la profundización integral de la reforma, en tanto que Cuba ya se encuentra impulsando de forma integral la actualización del modelo económico, lo cual constituye nuevas e importantes oportunidades de desarrollo para los lazos chino-cubanos”, ha dicho Xi Jinping en un comunicado difundido por los medios oficiales cubanos tras su llegada a La Habana. Estaba previsto que el tema de las reformas se abordase por el presidente chino y el cubano, Raúl Castro, durante su reunión del martes, sobre todo, en lo que se refiere a las nuevas condiciones establecidas en la Ley para la Inversión Extranjera, aprobada por Cuba en marzo pasado. Entre otros cambios, la norma permitirá que los inversores foráneos traigan su propia mano de obra para desarrollar construcciones en la isla, un aspecto que ha lastrado la ejecución de las obras pactadas por Pekín y La Habana en los últimos 15 años.

Tanto Raúl, como Fidel Castro, han subrayado esta semana el papel clave de la inversión china para el desarrollo de la región, con importantes reservas petroleras, minerales y de agua dulce. “Tenemos el desafío de trabajar por la industrialización de nuestros recursos naturales y agrícolas, de incrementar y diversificar las exportaciones y (…) alcanzar una balanza comercial más equilibrada, en lo que pueden desarrollar un papel de importancia los vínculos con la República Popular China”, dijo Raúl Castro en Brasilia el pasado 17 de julio, durante el encuentro que sostuvo Xi con los líderes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En un artículo publicado el lunes en Granma y firmado por Fidel Castro, el viejo líder afirma también que “el aporte que Rusia y China pueden hacer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Suramérica y el Caribe es decisivo”.

Cuba ha suscrito decenas de acuerdos de cooperación y obtenido millonarios créditos chinos durante los últimos 50 años, pero éstos no siempre han dado los resultados que Pekín esperaba.

China, sin embargo, mantiene en Cuba importantes negocios petroleros y está a cargo de la explotación de varios pozos en la costa norte de la isla. En junio de 2011, el entonces vicepresidente chino Xi Jinping firmó en La Habana 13 acuerdos energéticos y económicos, entre ellos, dos proyectos para ampliar la refinería de petróleo de Cienfuegos y construir una planta de gas líquido junto con Venezuela. A fines de ese mismo año, Pekín terminó la construcción de la plataforma Scarabeo-9 para perforación en aguas profundas de la Zona Económica Exclusiva de Cuba, en el golfo de México. A pesar de estos altibajos, China es el segundo socio comercial de Cuba, tras Venezuela, con un intercambio comercial bilateral que pasó de US$590 millones (unos 438 millones de euros) en 2004 a US$1.400 millones en 2013.

En los últimos 17 años Raúl Castro ha viajado a Pekín tres veces: en 1997 y 2005 para conocer el “experimento chino” de reforma económica sin apertura política, y en 2012, en busca del apoyo de sus viejos socios a la renovación de su modelo socialista. Su aspiración es concretar la participación china en la Zona de Desarrollo Especial del puerto del Mariel, la mayor apuesta cubana para atraer inversión extranjera y superar el estancamiento económico.
 

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