En la tarde-noche del viernes, el presidente, Zine el Abidine Ben Alí, abandonó el país, con lo cual puso fin a 23 años de gobierno.
De momento, el control del país será tomado por el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, quien aseguró que asumirá la presidencia de forma interina, acompañado por los presidentes del Parlamento, Fuad Mabaza, y de la Cámara de Consejeros (Senado), Abdelah Kallel.
La ola de protestas que terminó con el exilio del presidente comenzó el pasado 17 de diciembre motivada por el aumento del índice de desempleo, las altas tasas de corrupción y las promesas incumplidas. Desde entonces, decenas de personas han muerto a causa de la represión policial.
Ayer la crisis gubernamental tocó fondo. Todo comenzó poco después de que la policía disolviera con gases lacrimógenos una manifestación de más de 8.000 personas, congregadas ante la sede del Ministerio del Interior, que con arengas como “gracias, pero ya es suficiente”, “o nos matan o se van, pero aquí no se negocia” exigían la salida del poder del primer mandatario.
Así pues, como consecuencia de los altercados, y sin saberlo, el presidente Zine el Abidine Ben Alí, tomaría las dos últimas medidas de su mandato: destituir al gobierno y convocar a elecciones legislativas anticipadas en un plazo de seis meses, e instauró el estado de excepción en el país.