Egipto fue escenario el martes de la violencia que sacudió Túnez a comienzos de enero. Cuatro egipcios se prendieron fuego en los últimos días, al igual que el vendedor ambulante tunecino que desató la Revolución de los jazmines y que terminó con el derrocamiento del presidente Zine El Abidine Ben Alí. Pero no sólo las inmolaciones se han propagado por todo el país, en las principales ciudades de Egipto miles de ciudadanos salieron a las calles para pedir la salida del presidente Hosni Mubarak.
El gobierno egipcio trató de controlar las protestas con 30.000 policías, que armados de palos y piedras atacaron a los manifestantes que lanzaban consignas en favor de reformas políticas y sociales. Ante la fuerza de la protesta, la policía lanzó gases lacrimógenos contra los cerca de 15.000 egipcios que estaban reunidos en la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo.
Según le dijo a la agencia AFP el profesor de la Universidad de El Cairo Rabab el Mahdi, esto era de esperarse. “La revuelta tunecina iba a tener repercusiones en la mente colectiva de la región, infundiéndoles confianza a los ciudadanos que ahora se animan a protestar”. Desde el sultanato de Omán hasta Jordania, pasando por Sudán y Egipto, el derrocamiento del presidente tunecino proporcionó argumentos a numerosos opositores y sindicalistas, o al ciudadano de a pie, explicaron analistas.
“Estamos asfixiados, han sido 30 años de Mubarak”, gritaban los manifestantes más jóvenes en El Cairo, que pedían la renuncia del mandatario y un cambio de gobierno, además de reformas sociales. Mubarak llegó al poder hace 30 años y según analistas ya está preparando a su hijo, Gamal, para heredarle el poder.
El secretario de Estado adjunto de EE.UU. para Asuntos de Oriente Medio, Jeffrey Feltman, afirmó que el “ejemplo tunecino invita a llevar a cabo reformas en el mundo árabe que tengan en cuenta las legítimas aspiraciones políticas, sociales y económicas de los pueblos”. El secretario general de la Liga Árabe, el egipcio Amr Musa, advirtió que “los ciudadanos árabes se encuentran en un estado de cólera y de frustración sin precedentes”.