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Refugiados, terrorismo y guerra

Los ataques cometidos por el Estado Islámico están provocando que crezca el rechazo hacia quienes huyen del horror. Hungría comenzó hoy la expulsión de cientos de inmigrantes.

05 de julio de 2016 - 09:02 a. m.
El presidente húngaro, Janos Ader. /EFE
Foto: EFE - JAKUB KACZMARCZYK
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El incremento de ataques terroristas en varios países, además de dejar cientos de muertos, han hecho revivir el miedo hacia el refugiado, hacia las miles de personas que a diario huyen de sus países azotados por la guerra. (Lea: Terror en el mes sagrado de los musulmanes)

La crisis de refugiados sigue creciendo en la cara de Europa, inmerso en un terremoto político por la salida del Reino Unido. Muestra de ello es la aplicación de la ley de migración en Hungría a partir de hoy. 

Ese país aprobó una polémica reforma legal que permite expulsar a los refugiados o inmigrantes interceptados cerca de la frontera.

«Durante la jornada de hoy, los agentes han acompañado hasta la frontera a unas 600 personas, que colaboraron con las autoridades, y no hubo incidentes», informó hoy el capitán general de la Policía húngara, Károly Papp, en relación a la norma que entró en vigor la pasada medianoche.

Según esta ley, las autoridades «acompañarán» hasta el otro lado de las alambradas en las fronteras meridionales del país a todos los refugiados que sean interceptados dentro de una franja de ocho kilómetros, un procedimiento criticado por la ONU y varias ONG.

Al otro lado de las vallas, en una estrecha franja de terreno todavía en territorio húngaro, los refugiados tendrán que acceder a las zonas de registro, donde podrán presentar sus solicitudes de asilo.

Según el ACNUR, el Gobierno conservador húngaro está mandando a los refugiados el mensaje de que no hay posibilidad de entrar en el país, al menos de una forma irregular.

El Gobierno asegura que se trata de un sistema más eficaz para «disminuir el número de inmigrantes que permanecen en el país ilegalmente», tal y como aseguró hoy György Bakondi, consejero de asuntos de seguridad de Gobernación.

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Desde otoño de 2015, cuando Hungría selló sus fronteras con Serbia y Croacia, entrar en el país de una forma ilegal se considera un delito penado con hasta cinco años de prisión. En lo que va de año, han entrado en el país centroeuropeo más de 17.000 refugiados o inmigrantes.

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