Antes de posesionarse, Pastrana hizo dos viajes claves: uno a la selva colombiana para reunirse con Manuel Marulanda y discutir la condiciones de un eventual proceso de paz, y otro a Washington D.C. para hablar con el presidente Bill Clinton sobre cómo mejorar las relaciones bilaterales, las cuales estaban en su peor momento en más de medio siglo. Los dos viajes formaron la base de su política durante sus cuatro años de gobierno, pero desde muy temprano las dos políticas terminaron chocándose entre sí.
Pastrana pidió ayuda a Estados Unidos y la respuesta fue: “Propónganos y lo consideraremos”. Así salió el Plan Colombia. El gobierno Pastrana diseñó un plan en el que las responsabilidades económicas se repartirían entre Estados Unidos, la Unión Europea, otros estados europeos y organismos internacionales como las Naciones Unidas. Textualmente el objetivo central del Plan Colombia era “la búsqueda de la paz a través de cuatro banderas que se relacionan entre sí: la solución política negociada, la recuperación económica y social, el fortalecimiento institucional y desarrollo social y la iniciativa contra el narcotráfico”.
La propuesta era un Plan Marshall o una gran inversión en las regiones cocaleras, en su mayoría bajo el dominio de las Farc. El análisis era que para lograr un programa de desarrollo alternativo exitoso, era necesario un proceso de paz.
Sin embargo, una vez la propuesta llegó a Washington, la lógica original fue transformada. Los Estados Unidos estaban más interesados en financiar un programa antinarcóticos con batallones especializados, una expansión masiva de la fumigación de cultivos ilícitos y un gran aumento policial y militar. Para Washington, las Farc se podrían debilitar si se lograba reducir la fuente de sus recursos. La propuesta original de Pastrana priorizaba el proceso de paz; la de los Estados Unidos, la lucha contra las drogas.
Diez años después, ¿cuál ha sido el resultado de esta iniciativa? Si la medida es la reducción del flujo de droga, el Plan Colombia ha sido un fracaso contundente. Los cultivos ilícitos bajaron en Caquetá, Putumayo y Guaviare, pero se extendieron a otras regiones. Hoy en día, con el uso de nuevos métodos y tecnologías, una hectárea de coca produce hasta un 50% más que antes. Así, la Región Andina sigue produciendo las mismas mil toneladas de cocaína que producía en 2000 e incluso más.
En Washington D.C. hay oficiales que entienden las grandes fallas en la estrategia antinarcóticos. Pero los argumentos a favor del Plan Colombia han cambiado. Ahora se afirma que gracias a éste, el país es más seguro, con menos homicidios y menos secuestros, y que las Farc se han debilitado seriamente. Muchas de las estadísticas son ciertas, pero la evidencia demuestra que estas políticas han llegado a sus límites con un alto costo: un promedio de 6,9 personas mueren diariamente por razones políticas y la tasa de homicidio común esta volviendo a subir. Si bien el ciudadano promedio se siente más seguro, otros indicadores expresan que el conflicto armado sigue intacto: las Farc se han adaptado a las nuevas circunstancias, el número de desplazados internos ha aumentado y las amenazas, desapariciones y asesinatos de sindicalistas, miembros de ONG, defensores de derechos humanos y de otros sectores vulnerables continúan, mientras los grupos paramilitares se han reconstituido. Los historiadores nos dirán que el Plan Colombia ni redujo el narcotráfico ni condujo a una resolución del conflicto armado interno. Lo que sí hizo fue cambiar las posiciones de los actores del conflicto.
El país necesita una estrategia de paz. No de guerra. Es necesario escuchar las voces de las víctimas y de la sociedad en general que de una u otra manera ha sido perjudicada por el conflicto armado. Hace diez años Colombia contemplaba una estrategia multifacética que conduciría a la paz. Diez años después, ya es tiempo de pensar en un Plan Colombia adaptado a las nuevas exigencias, que involucre a múltiples donantes de la comunidad internacional, como inicialmente fue concebido, y que no represente la política exterior de un solo país.
* Director Académico del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown.é