Los datos son cada vez más preocupantes. Desde que comenzó la rebelión siria, que ya cumple 14 meses, han muerto más de 15.000 personas. Todas, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), a manos de las fuerzas militares del régimen de Bashar al Asad.
La comunidad internacional ha insistido en un plan de paz para evitar el desangre del país, sin embargo, todas las iniciativas se han quedado en el aire porque Rusia y China, dos países clave para aprobar cualquier resolución en contra del gobierno sirio, se han negado a apoyar una solución que implique la salida de Al Asad.
A pesar de las críticas por dicho apoyo, Rusia aseguró que está convencido de que el presidente sirio no renunciará y que es inútil exigir su renuncia como condici´no previa al cese de la violencia en ese país.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, aseguró: “El esquema según el cual antes el presidente Al Asad debe marcharse para que ocurra algo en el ámbito del cese de la violencia y el proceso político no funciona, es inútil, porque él no se irá”. Lavrov subrayó que, independientemente de la opinión que se tenga sobre las elecciones sirias, hay que entender que, «como mínimo, la mitad de los sirios» votaron a Asad, respaldan su política y vinculan a él su seguridad y futuro.
El ministro ruso comentaba así las declaraciones del presidente francés, Francois Hollande, quien afirmó a comienzos de este mes que en Siria «no hay solución posible» si Al Asad sigue al frente del país. «El resultado de esa política de Occidente será la llegada al poder de radicales, lo que creará problemas para la seguridad de los musulmanes que no pertenecen a corrientes radicales, así como de los cristianos, cuyo destino nos preocupa sobremanera», dijo el jefe de la diplomacia rusa.