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¿Se radicalizan los indignados?

Los indignados de Cataluña cruzaron el miércoles la frontera de la censura pacífica y saltaron la verja de la violencia. De aquellas protestas simbólicas que conquistaban simpatías y arrinconaban a la clase política española se pasó a las agresiones en Barcelona.

15 de junio de 2011 - 05:12 p. m.
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El anunciado recorte del 10% del presupuesto del gobierno catalán provocó la movilización de aproximadamente 2.000 personas, que intentaron bloquear la entrada de los diputados al Parlamento. Veinticuatro dirigentes se vieron forzados a ingresar al recinto en helicóptero —algo inédito—, otros lo hicieron en furgonetas de la Policía y los que intentaron entrar por los medios regulares fueron recibidos a empellones, uno que otro escupitajo y hasta bañados en aerosoles sus gabardinas o sus cabezas.

Cuatrocientos Mossos d’Esquadra enfrentaron la revuelta que dejó como saldo parcial 36 heridos leves, 12 de ellos policías. Voceros de los movimientos del 15-M y Democracia Real Ya se apresuraron a condenar estos actos vandálicos y a etiquetar a una minoría como la responsable del desafuero. Todas las fuerzas políticas de España rechazaron al unísono lo acontecido, reivindicaron la legitimidad de los diputados y criticaron que los indignados no podían pisotear la democracia con la consigna vaga del inconformismo. El presidente del Congreso, José Bono, advirtió que 3,2 millones de catalanes escogieron libremente a sus representantes y que de un plumazo 2.000 indignados no podían

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