A los 13 meses de mandato, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, no ha logrado cumplir su promesa: reducir el número de secuestros. Aunque, según el último informe del Gobierno, la violencia logró una reducción significativa durante los últimos meses, datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) indican que el año pasado fueron denunciados 1.695 secuestros en México, cifra 20% superior a la de 2012, lo que confirma una tendencia al alza.
La cuestión es aún más grave pues las autoridades reconocen que el 90% de los casos no se denuncia, es decir, nueve de cada diez plagios no llegan a conocimiento de las autoridades. El Instituto Nacional de Estadística estimó en septiembre pasado que el número de casos reales podría superar los 105.000 secuestros.
Según el Gobierno, los 10 estados con más secuestros son Durango, México, Guerrero, Michoacán, Morelos, Tabasco, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y Zacatecas, en donde se concentra el 74% de los casos.
Otras organizaciones calculan que se presentan hasta 70 secuestros al día. El mapa de riesgos de la consultora Control Risks señala que México encabeza la lista de los países con más secuestros en todo el mundo, por encima de Afganistán, Colombia e Irak. Tras el primer lugar de México, el top cinco lo completan India, Nigeria, Pakistán y Venezuela.
Un informe realizado por la agencia privada de inteligencia estadounidense Strategic Forecasting (Stratfor) lanza una preocupante alerta: “México se convirtió en la capital mundial del secuestro”. Fred Burton y Scott Stewart, analistas de la firma, señalan que “la delincuencia mexicana inició una guerra contra la población civil y su principal expresión se ubica en las operaciones del secuestro; los integrantes del cartel de Tijuana, liderado por la familia Arellano Félix, representan la mayor amenaza en esta materia”.
Y lanza una pesimista proyección. “Existen pocas probabilidades de que el gobierno mexicano sea capaz de establecer en un futuro próximo la integridad de los organismos policiales o restablecer la ley y el orden en gran parte del país. La ineptitud y la corrupción oficial son endémicas en México, lo que significa que los ciudadanos mexicanos y visitantes extranjeros tendrán que enfrentar la amenaza del secuestro en el futuro previsible”.
Datos del Departamento de Estado de EE.UU. dan cuenta de que sólo entre abril y noviembre de 2013 se reportó el plagio de 90 estadounidenses. La policía mexicana señala que muchos extranjeros secuestrados son inmigrantes de Centroamérica, pero alertan sobre el aumento de víctimas procedentes de países como Venezuela, Perú y Colombia. El caso más reciente de nacionales retenidos cumple un mes. El 31 de diciembre de 2013, Juliette Córdoba Rojas denunció que su esposo, Arnoldo Celis, y Jimmy Alejandro Rojas fueron secuestrados en el estado de Michoacán.
Según el testimonio, los dos hombres fueron raptados cuando las dos parejas y sus dos hijos paseaban por Morelia, capital del estado occidental mexicano. La mujer, que recibió la última llamada de su esposo el pasado 8 de enero, dijo que abandonó Michoacán por temor y ahora está en Ciudad de México.
Pero los colombianos no sólo son víctimas, también victimarios. Según datos del Gabinete de Seguridad, aumentó la cifra de colombianos dedicados al secuestro y al robo a casas en las principales ciudades del país. Las autoridades detuvieron recientemente a alias El Zarco, integrante de una banda de secuestradores mexicanos dedicada a secuestrar colombianos en ese país.
El gobierno de Peña Nieto acaba de lanzar una estrategia contra este delito, la cual busca incrementar las capacidades de las autoridades para prevenirlo, detener a los responsables y combatir a las bandas criminales que se dedican a él. Es la cuarta estrategia que emprende el país en menos de dos décadas.