Si la protagonista de la canción La cuchilla quisiera ahorrar unos pesos en su venganza, debería comprar una cuchilla para hombres. Las cuchillas de esas de afeitar son uno de los símbolos más visibles de una diferencia de precios que difícilmente puede explicarse por los costos de fabricación. El modelo femenino está, por supuesto, fabricado con el mismo plástico y el mismo metal que el masculino. Lo que cambia es el color —rosa para las chicas—.
De ahí el nombre de “impuesto rosa” para denominar irónicamente el sobrecosto impuesto a todo tipo de productos supuestamente concebidos para las mujeres. “Una práctica que no sólo insulta a las mujeres al llevar al extremo el gender marketing, sino que muestra la subjetividad con la que productores y distribuidores fijan los precios de venta”, afirma una de las miembros del colectivo Georgette Sand, que decidió lanzar el tumblr http://womantax.tumblr.com, en el que publican fotografías enviadas por los internautas con el fin de ilustrar este “impuesto invisible”. La página cuenta con cerca de 30.000 visitas semanales.
Con la etiqueta #womantax, el colectivo busca también hacerse notorio en Twitter. Este nombre alternativo para el “impuesto rosa” tiene la ventaja de ser comprensible en más idiomas, eliminar la idea de que el color rosado “corresponde” a las mujeres y resaltar que la práctica es sistemática y va mucho más allá de los productos cosméticos.
“En sólo unas semanas hemos recibido centenares de contribuciones”, afirma una de los miembros del colectivo. “Algunas son muy evidentes, por ejemplo las tarifas de los salones de belleza, que casi sistemáticamente deciden cobrarle el doble por el corte a una mujer… así ella tenga el cabello corto. Otras nos han sorprendido: la marca alemana Rasting ofrece dos versiones de un paquete de cinco salchichas: para hombre valen dos euros, para mujeres, tres. Hemos observado diferencias de precio en morrales para mujeres, que en violeta son más caros que en color negro para hombres. La compañía BIC lanzó un lapicero ”para ella” que vale 30% más que la versión “normal” del mismo elemento”. Hay casos “absurdos”, según el estudio de Georgette Sand, que demostró que unos guantes para lavar cuestan más si la talla es menor.
El éxito de la campaña de Georgette Sand (femenino de George Sand, el seudónimo que eligió la escritora Amandine Aurore Lucile Dupin para poder publicar sus libros y ser tomada en serio) les permitió ser recibidas el pasado 21 de octubre por la secretaria de Estado para los derechos de las mujeres, Pascale Boistard. “Es una injusticia que no puede continuar”, afirmó Boistard en una entrevista al diario Le Parisien luego del encuentro.
La secretaria, que publicó en su cuenta de Twitter una foto tomada por ella misma con el visible ejemplo de las cuchillas de afeitar, anunció el lanzamiento de una investigación “en todos los frentes” y en conjunto con el Ministerio de Finanzas, para determinar la magnitud del fenómeno y pedir explicaciones tanto a las marcas como a los distribuidores. El pasado lunes 3 de noviembre, el Ministerio confirmó el inicio de la investigación argumentando que ese tipo de prácticas pueden ser consideradas ilegales, pues contravienen varias disposiciones del Código de Comercio.
La cadena de supermercados Monoprix, a la que el colectivo eligió como destinataria de una petición en internet que hasta ahora ha recaudado 40.000 firmas, explicó por medio de un comunicado de prensa que la diferencia se explica por los volúmenes de venta de los productos.
Para Geraldine Franck, otro de los miembros del colectivo, “existe una idea según la cual las mujeres deben ‘cuidarse más’ que los hombres, lo que las lleva a aceptar gastar una parte más importante de su presupuesto en artículos femeninos”. Franck señala también que la separación de productos en góndolas femeninas y masculinas en los supermercados dificulta la comparación de los precios y que esa es otra de las exigencias que están haciendo a las grandes cadenas.
“Hemos verificado que en Francia lo raro es encontrar productos que sean más caros para los hombres que para las mujeres”, explica a la prensa Amélie Cornu, una portavoz del colectivo.
¿Qué tanto la diferencia de precios, que puede ir desde algunos centavos hasta decenas de euros, afecta el presupuesto de las mujeres? Según un estudio publicado por la revista norteamericana Forbes, la política de mercadeo por género le costaría a una mujer alrededor de 1.500 dólares anuales. En Francia, un país que se considera avanzado en el dominio de la igualdad de género, las mujeres aún ganan en promedio 27% menos que los hombres y su jubilación es 42% menor.
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