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Si Alá lo permite

Pareciera que por fin Siria hubiera encontrado la manera de liberarse de las garras autoritarias del presidente Bashar al Asad y de los agonizantes 40 años en que su familia ha estado en el poder.

08 de junio de 2012 - 04:38 p. m.
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Sin embargo, un año y tres meses después de las protestas en contra de su gobierno, el saldo es de más de 12 mil civiles asesinados, 30 mil detenidos con un futuro incierto y ni un solo indicio del gobierno en cesar el fuego.

Viviendo en el siglo XXI es un tanto difícil de creer que todavía haya países que tengan que vivir sometidos a insensateces como la ley de estado de emergencia, que fue creada en 1962 a raíz de la guerra contra Israel y que suspende la mayoría de derechos constitucionales que cobijan a los ciudadanos. Más increíble resulta saber que, a menudo, miles de rebeldes sirios son confinados en centros de detención por tiempo indefinido, negándoseles el derecho constitucional básico universal: tener un abogado. Es gracias a esto que el gobierno se vanagloria cometiendo atrocidades hasta contra los médicos, quienes de ser descubiertos atendiendo a heridos de las protestas, están condenados a ser aprehendidos y torturados a muerte.

En los barrios de las afueras de la capital, Damasco, la mayoría de las viviendas se encuentra prácticamente desolada porque sus habitantes se han visto obligados a aumentar la cifra de 25.000 refugiados que han huyen a otros países por las invasiones del ejército sirio con carrotanques en busca de civiles traidores (médicos, activistas de derechos humanos). Peor aún, es gracias a la excesiva paranoia del presidente Al Asad que el país entero debe recurrir a prácticas similares a las de un hacker para poder acceder a la web sin que un molesto letrero azul aparezca en la pantalla obstruyendo el paso a Twitter, Facebook o Myspace.

Cada vez es más patente la angustia de Al Asad al ver cómo su propia línea de gobierno (que antes había logrado mantener al pueblo en total sumisión por casi medio siglo) lentamente se desmorona. No contento con saciar sus ínfulas de realeza al decretar como ley que los establecimientos públicos tengan una foto suya en la pared, ahora los habitantes no pueden siquiera mantener una conversación telefónica porque cualquier comentario que haga alusión al régimen podría poner en riesgo su vida, pues las líneas están interceptadas y monitoreadas.

¿Cuántas más muertes se requerirán para que el presidente entienda que el país ha llegado al fin de los tiempos de tolerancia y subordinación? Los anhelos de los sirios por un país libre vienen desde mucho antes de la actual atención mediática, y es una aspiración que muy merecidamente, y con una ayuda diplomática más pronunciada, debería estar tomando lugar en estos momentos. Sólo el tiempo dirá cuál es el desenlace de la situación en Oriente Medio. Por lo pronto hay una nación quebrantada, batallando a punta de rezos y protestas para frenar los ríos de sangre que están corriendo por las calles de Siria para dar lugar a una justa y merecida democracia.

* Estudiante Siria en Colombia.

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