Aunque son cada vez más los sirios que huyen del sangriento enfrentamiento entre rebeldes y las tropas del presidente Bashar al Asad, miles de personas en el país viven ajenas a los atentados, ataques y la terrible situación en varias ciudades porque la televisión, en manos oficiales, sólo transmite telenovelas, clases de ejercicios, programas de cocina y musicales. “Sólo me vine a dar cuenta de las matanzas, el alto número de muertos, cuando salí huyendo de Alepo”, explica uno de los 61.000 refugiados que llegaron a Turquía.
Aunque son cada vez más los sirios que huyen del sangriento enfrentamiento entre rebeldes y las tropas del presidente Bashar al Asad, miles de personas en el país viven ajenas a los atentados, ataques y la terrible situación en varias ciudades porque la televisión, en manos oficiales, sólo transmite telenovelas, clases de ejercicios, programas de cocina y musicales. “Sólo me vine a dar cuenta de las matanzas, el alto número de muertos, cuando salí huyendo de Alepo”, explica uno de los 61.000 refugiados que llegaron a Turquía. “Salí huyendo para proteger a mi familia, pero no sabía que la situación era tan grave”, agrega.
Tal vez por eso miles de sirios no sabrán hoy que el miércoles la Comisión Independiente sobre Derechos Humanos acusó en un informe a los rebeldes y a las tropas oficiales de cometer crímenes de guerra. Según el documento, los opositores al régimen han asesinado, torturado y perseguido a cientos de sirios fieles a Al Asad, así como las tropas oficiales han usado la violencia de forma continua.
Tampoco sabrán que más de veinte personas murieron en un ataque aéreo en la localidad de Azaz, en el norte de Siria. Aunque de lo que sí verán un amplio despliegue, con imágenes fuertes, será del atentado de los rebeldes, que en su afán por golpear a las fuerzas de Al Asad hicieron estallar un camión junto a un hotel donde se alojan observadores de la ONU. Sólo después del atentado del 18 de julio, que cobró la vida de cuatro altos responsables de la seguridad, el canal mostró por primera vez cuerpos ensangrentados de rebeldes o de soldados, declarando que “limpiaron” la capital de los “terroristas”. Ante un hecho difícil de ocultar, de ataques o reportes de violencia, el canal envía a un reportero al lugar de los hechos para mostrar “que todo está normal”.
Desde que comenzó el conflicto en Siria, la televisión estatal —es muy difícil sintonizar las otras cadenas árabes y el acceso a internet es casi imposible— sólo transmite novelas y talk shows. La mayor parte del tiempo es común ver programas dedicados a dietas, ejercicios, la preservación del patrimonio y hasta clases de aeróbicos para transmitir a los espectadores una sensación de normalidad, según relatan algunos sirios y periodistas de agencias de noticias en ese país. El noticiero, por su parte, repite incansablemente la versión del régimen: “Siria se enfrenta a una conspiración”, “Siria no cederá”, “los terroristas intentan crear el caos”.
Mientras que el país se desangra, los televidentes sirios se levantan de la cama frente a imágenes de un joven que les explica cómo “desarrollar sus bíceps y sus tríceps”. Basam, un pequeño comerciante en Damasco, era hace poco un espectador fiel de la televisión siria. “Queremos apoyar al Gobierno y al Ejército, pero esos canales no dicen la verdad, ya no les creo”, declaró a AFP.