Más de 20.000 personas protestaron durante el funeral de los 37 fallecidos en la ciudad siria de Deraa, donde el miércoles las fuerzas de seguridad del gobierno se enfrentaron en una larga jornada contra los manifestantes que piden la salida del presidente, Bashar Al Asad. La violenta represión instó a los gobiernos de Francia, Alemania y el Reino Unido a pronunciarse a favor de los civiles, recomendando reformas democráticas. El número de muertos, que se teme puede llegar a 100, desencadenó una de las más airadas protestas de la población, que salió a las calles masivamente a despedir a los que ahora consideran sus mártires. Desde el 15 de marzo, cuando se iniciaron las protestas, ninguna otra jornada había resultado tan trágica. El gobierno de Al Asad, quien asumió el poder en 2000, dirigió una rueda de prensa a la opinión pública desde la capital, Damasco. Las noticias estuvieron en boca de la consejera presidencial, Buzeina Shaaban, quien anunció la creación de un comité para estudiar los hechos de Deraa y la disposición para adoptar medidas que satisfagan las “demandas legítimas del pueblo”. Shaaban también informó que el gobierno está estudiando la posibilidad de anular la ley que sustenta el estado de emergencia, instaurado en Siria desde 1963.