El conflicto de Siria, que estalló hace 18 meses, parece no tener una solución. Al menos en el corto tiempo. Los rebeldes insisten en que van a derrocar al presidente Bashar Al Asad y éste por su parte asegura que no se quedará de brazos cruzados. Mientras tanto, la población civil lleva la peor parte. Según las últimas cifras reveladas por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), ya han muerto 29.000 personas, de las cuales 20.755 eran civiles. A eso se suma el aumento de gente que huye de la guerra: 250.000, según el último recuento.
Sólo el jueves murieron 225 sirios en Alepo, la ciudad que desde hace dos meses se convirtió en el escenario más cruento de la guerra, pues rebeles y gobierno se disputan el control de este territorio clave para ganar el conflicto. A pesar de los ataques continúan las manifestaciones en contra del régimen sirio. Hoy, viernes de la ira, miles de personas salieron a las calles después de la plegara para protestar. En medio de las manifestaciones, los rebeldes reportaron ataques con artillería pesada y varias zonas eran sobrevoladas por helicópteros.
Pero el gobierno desmiente esa información, que en ocasiones es muy difícil de comprobar. El jueves, mientras los rebeldes aseguraban haber derribado una aeronave del Ejército a las afueras de Damasco, el gobierno anunciaba que se trató de un accidente de aviación. Las versiones que ofrecen las partes son muy difíciles de corroborar.
En una entrevista publicada por el semanario egipcio Al Ahram al Arabi, Al Asad aseguro que sus fuerzas “vencerán a los terroristas” armados y apoyados, según él, por Arabia Saudita, Qatar y Turquía. “Súbitamente tuvieron dinero en sus manos luego de un prolongado período de pobreza y creen que con él pueden comprar la historia y un papel regional”, dijo.
En la entrevista también aseguró que mantiene la puerta abierta al diálogo con los grupos de oposición, que en su mayoría trabajan desde el exilio y fue vehemente al asegurar: “El Estado no permanecerá con las manos atadas frente a los que portan armas en su contra”.
“Los grupos armados usan el terrorismo contra el Estado”, manifestó Al Asad a Ahram al Araby. “No son populares dentro de la sociedad… no obtendrán la victoria al final”. Fuera de esa sociedad, al menos al otro lado de la frontera, la oposición trata de diseñar el futuro de una posible Siria sin Al Asad.