Juliana Zapata, estudiante de aviación y una de los 50 pasajeros colombianos, afirmó que, después de cuatro horas de vuelo, de repente el avión se sacudió e hizo un intempestivo descenso desde cerca de dos mil pies de altura y luego voló casi pegado al mar, botando combustible por ambas alas. Así transcurrió un cuarto de hora, que se convirtió en una eternidad para pasajeros y tripulantes, quienes se abrazaban y lloraban temiendo una muerte inminente.
“Todo fue confusión y la tripulación no decía nada sobre lo que estaba ocurriendo”, dijo Zapata, quien añadió que, en medio del caos, uno de los pilotos se sacó la camisa del pantalón y se puso a leer un manual de emergencias.
Al igual que Zapata, el resto de pasajeros coincidieron en que la aeronave presentaba fallas antes de despegar. El avión se demoró al menos una hora y media en salir de París por supuestas “fallas menores”, según la explicación que dieron las azafatas.
Un portavoz de Air France indicó que el avión, un Airbus A340, tuvo que ser desviado a las Azores tras haber sufrido una “avería técnica” por un “conato de incendio en la cabina del avión” que lo obligó a aterrizar de emergencia.
La Embajada de Colombia tramitó con el Servicio de Extranjeros y Fronteras portugués una “autorización especial” para que sus ciudadanos pudiesen salir del aeropuerto, ya que no tenían visado para ello. Los pasajeros, ninguno de ellos herido, pasaron la noche de lunes a martes en un hotel del archipiélago portugués y llegaron ayer a Bogotá, en otro avión de la misma aerolínea.