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Terapia para terroristas

Desde 2004, Arabia Saudita implementa un plan para rehabilitar a fundamentalistas islámicos a partir de ideología religiosa y ayudas estatales. La mente es el campo de batalla.

12 de enero de 2010 - 05:32 p. m.
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El 27 de enero de 2007, Nasir al Wahayshi, con su turbante, apareció en la pantalla. Desde Yemen hablaba como el líder de Al Qaeda en la Península Arábiga y justificaba las bases de su “Guerra Santa”. A su lado permanecía en silencio Abu Sufyan al Shihri, un viejo conocido de las autoridades saudíes, un graduado exitoso del comité Al Munasaha wa Al Islah (del Comité de Asesoramiento y Reforma). En otras palabras, un terrorista rehabilitado.

Mientras estuvo sindicado de terrorismo, Al Shihri fue incluido en el programa que el gobierno de Arabia Saudita inauguró en 2004. El fin: la guerra contra el fundamentalismo islámico no sólo debía librarse en las trincheras y en los refugios clandestinos. Existía un frente de combate hasta el momento inexplorado: la mente de los terroristas, un lugar en el que la ideología es más importante que las balas.

Al Shihri asistió juiciosamente a las conferencias y los debates impartidos por autoridades religiosas, jueces y psicólogos. Allí se encargaron de explicarle el ‘verdadero sentido de la Yihad’ (Guerra Santa), el disgusto de Alá cuando la violencia es utilizada por los individuos y no por los gobernantes, y lo pecaminosos que resultan los ataques suicidas.

Sin mayores antecedentes en materia terrorista, Al Shihri fue puesto en libertad como un ‘rehabilitado’ más del programa Al Munasaha. El Ministerio del Interior saudí, como con todos los graduados, comenzó a brindarle apoyo económico, a procurarle empleo, a entregarle un automóvil y a buscar buenas mujeres que se convirtieran en sus esposas. No obstante, un día cualquiera, el ex sindicado se marchó sin dejar rastro. Poco tiempo después su país se enteraría de que había partido con rumbo a Yemen, donde el líder de Al Qaeda en la zona, Nasir al Wahayshi, lo había nombrado diputado del grupo. Luego vino el video de enero de 2007 y el arrepentimiento de la justicia de Arabia Saudita.

De acuerdo con las estadísticas que el gobierno registró entre 2004 y 2007, el caso de Al Shihri formó parte del 3% de rehabilitados que reincidió en andanzas terroristas, un caso excepcional dentro de los grandes réditos que la terapia antifundamentalista había entregado al país. En noviembre de 2007, desde el Ministerio del Interior, se informó que 1.500 detenidos habían completado el programa satisfactoriamente.

“Cambiar la mentalidad no es fácil y toma mucho tiempo. A veces los extremistas dejan sobres con dinero en las puertas de quienes se encuentran en proceso de rehabilitación con una inscripción que dice: ‘De tus hermanos yihadistas’. No podemos dejar que sean ellos los chicos buenos”, declaraba en esa oportunidad Abdul Rahman al Hadlag, director de la dependencia de “seguridad ideológica” del Ministerio del Interior.

Desde que el programa Al Munasaha existe, varios de los ciudadanos saudíes retenidos en Guantánamo han sido devueltos a su país para iniciar la ‘reeducación’. Sin embargo, Amnistía Internacional ha llamado la atención sobre este método a través de un informe publicado en 2009, titulado “Arabia Saudí: ataque a los derechos humanos en nombre del antiterrorismo”. En él se lee que dentro del programa se encuentran detenidos sin cargos y presos que cumplen condenas impuestas tras juicios injustos (…), así como personas encarceladas tras rendirse acogiéndose a amnistías oficiales y jóvenes que regresan de países como Irak y Pakistán o que han sido arrestados por sospecharse que planeaban ir a esos países”.

A pesar de todo, el control que hasta el momento ha logrado Arabia sobre el terrorismo, a partir de sus métodos coercitivos e ideológicos, parece ser suficiente para dar continuidad al plan, aunque su éxito haya llevado a que los yihadistas, como Al Shihri, busquen resguardo en Yemen. Desde allí empuñan las armas en nombre de lo que para ellos es la única Guerra Santa.

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