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Todavía no es la hora de Unasur

Cancilleres de los países miembros se reunirán el próximo viernes para conmemorar el nacimiento de la entidad y tratar la elección de su secretario general.

09 de marzo de 2011 - 06:18 p. m.
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A partir de la reunión de Quito, que se celebrará el próximo viernes, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tendrá por fin la personalidad jurídica necesaria que, presuntamente, le permitirá actuar como ente mediador y regulador de las -antaño simples y hoy complicadas- relaciones entre los países de América del sur.

El liderazgo natural de la desangelada organización ha sido siempre brasileño, pero precisamente por eso tal liderazgo ha resultado también desde el comienzo mismo, equívoco e insuficiente. No es Unasur todavía un puente que permita agrupar a los países suramericanos y darles lineamentos comunes eficaces, pues sigue sin cumplir, siquiera, con los requisitos mínimos que los fundadores se impusieron en la carta originaria de mayo de 2008.

En estos tres años se acumulan más desencuentros que realizaciones, más complicaciones y ambigüedades que resoluciones sinceras y bienintencionadas. Y al salir Lula Da Silva de la presidencia, no parece haber intención “real” de Dilma Rousseff por tomar el control del asunto y reaccionar como se debe en tales casos.

Ni sus mecanismos ni sus disposiciones hasta hoy obligan a nadie a proceder en ninguna dirección determinada y el desánimo tiende a tomarse el campo de los que toman las decisiones. Unasur es un escenario político contradictorio y excesivamente ideologizado, plagado de conflictos velados y no de razones para la unidad. Carece del pragmatismo que exigen los tiempos y por eso aún no ha servido de motor común, ni de premisa fundamental del desarrollo común.

Como instrumento de crédito es precario y complementario al sistema financiero internacional -salvo ciertos acuerdos “cantados” en el campo petrolero como herramienta para mejorar el comercio interregional- es también muy pobre. Por todas esas razones, resulta claro que no es todavía la hora de Unasur, y que Quito promete muchas nuevas decepciones, aun cuando la expectativa siga siendo grande.

*Analista Internacional

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