El enmascaramiento global que tiene lugar con la pandemia ha revivido una teoría japonesa, según la cual el espejo del alma de los occidentales no son los ojos, como creemos la mayoría, sino la boca.
Para las culturas extrovertidas, como la estadounidense, la boca es la parte más expresiva del rostro, y es allí donde se perciben las emociones del interlocutor, según un estudio del profesor Masaki Yuki, director del Centro de Investigación Experimental de Ciencias Sociales de la Universidad de Hokkaido. (Lea más columnas sobre Japón: El teatro y su conexión con Colombia).
En culturas donde las emociones se ocultan, como la japonesa, los interlocutores recaban la información no verbal más importante en los ojos, dice la investigación, en la que participaron más de 200 universitarios de Japón y Estados Unidos. En este último grupo se incluyeron jóvenes de origen latinoamericano. Además de fotografías de expresiones humanas, el estudio analizó signos usados en los mensajes de texto y confirmó que, también en las redes sociales, japoneses y no japoneses adjudican un valor distinto a los ojos y a la boca.
Para expresar alegría, los norteamericanos prefieren el emoticón :-), mientras que la combinación :-( fue la preferida para significar tristeza. Los japoneses ponen énfasis en los ojos y expresan la alegría con el signo (^_^). En el emoticón de tristeza se usa la misma boca, pero los ojos tienen lágrimas (; _ ;).
Publicado en 2007, el estudio cobra vigencia de cara a la ruptura en las comunicaciones personales que aqueja este año a decenas de países no acostumbrados a interactuar con el rostro cubierto y donde enmascararse evoca vandalismo e impide practicar costumbres arraigadas, como los gestos con los labios y los saludos de besos.
Los psicólogos advierten que, de la misma manera que en los países de habla hispana el trozo de tela obligó a reactivar términos que dormían en el diccionario como tapabocas, nasobuco, barbijo y el enigmático cambuj, con el uso prolongado será necesario renovar el léxico de los comportamientos sociales.
En Japón el tapabocas se remonta por lo menos al siglo XVI y tiene orígenes asociados a la higiene en las ceremonias religiosas. Después de un auge durante la gripe española de 1918, su uso se mantuvo constante para protegerse, y proteger a los demás, de resfriados, toses y polen. A finales del siglo pasado empezó a usarse como complemento de moda, apoyo anímico para los tímidos y camuflaje para actores y personajes que quieren pasear entre la multitud sin ser reconocidos.
Este año algunas empresas de ropa canalizan parte de su producción hacia los tapabocas de alta tecnología y las revistas de moda sugieren colores, estilos y diferentes combinaciones según la temporada. Incluso han surgido concursos de belleza femenina denominados algo así como “Belleza enmascarada”, en los que la ganadora se lleva a su casa el título y con él el misterio de cuántos admiradores tendría si se despojara del humilde accesorio que definió 2020.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.