El ministro del interior Claude Guéant y el sitio internet Atlantico.fr recordaron que “ninguna pista” puede por el momento ser ignorada en la búsqueda del hombre que el lunes asesinó a tres niños de cuatro, cinco y siete años y el padre de dos de ellos en una escuela judía al norte de Toulouse. En una entrevista publicada en dicho portal, Gilles William Goldnadel insistía en el carácter antisemita del ataque y en relación a los hechos de la semana pasada en la que tres soldados de origen extranjero fueron asesinados. Afirma que “allí donde algunos ven soldados musulmanes y antilleses, yo veo soldados cuyo regimiento estuvo en Afganistán”.
Laurent Mucchielli, especialista en temas de violencia relacionadas con las poblaciones de inmigrantes, recalca la tendencia derechista de dicho portal de internet y el hecho de que por el momento no hay ninguna prueba concreta en ese sentido.
Lo que se sabe
Por ahora parece confirmada la relación entre la masacre de la escuela Ozar Hatora y los asesinatos de militares la semana pasada. Todos fueron realizados con armas del mismo tipo. Aunque en el caso de la escuela judía, se especula que podría haberse utilizado una segunda arma y que ésta se habría bloqueado, en las tres escenas del crimen fueron encontradas vainillas calibre 11.43.
Varios testigos de los tres incidentes afirmaron haber visto a un hombre solo, de baja estatura, que vestía de negro y se movilizaba en una motocicleta y al menos uno de ellos habló de “una pequeña cámara fotográfica colgada alrededor del cuello”. Según el diario La Dépêche, una mujer habría visto el rostro del atacante luego del segundo ataque. Éste tendría “Un tatuaje o una cicatriz en su mejilla izquierda”.
Mientras las escuelas judías han sido puestas bajo vigilancia policial y varias marchas silenciosas fueron convocadas en las principales ciudades de Francia, cerca de 250 investigadores buscan nuevas pistas. El lunes en horas de la noche fue igualmente declarada la “Alerta Escarlata de Amenaza Terrorista”, un nivel más elevado que el de “alerta roja”, que hasta el día de hoy nunca había sido decretado.
“La alerta escarlata me parece una medida exagerada, pues a lo que nos enfrentamos no es a una amenaza terrorista organizada y nacional”, opina Mucchielli, quien no cree que los asesinatos de Toulouse se vuelvan un tema de campaña como ocurrió en el 2002 cuando la brutal agresión a un pensionado tres días antes de las elecciones presidenciales permitió al entonces candidato del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen pasar a la segunda vuelta de los comicios.
Las investigaciones avanzan
Mientras el ministro de Relaciones exteriores de Francia, Alain Juppé, acompañaba los cuerpos de las víctimas de la escuela Ozar Hatora que fueron trasladados a Israel, país del cual eran originarios, el diario Le Monde confirmaba que un militar habría sido detenido en la ciudad de Castre y liberado luego de escuchar sus declaraciones. Expertos señalan que por la manera como el asesino ha actuado, tanto por su sangre fría como por la manera como logró evadirse fácilmente, éste pareciera tener un entrenamiento militar”.
Contactada vía telefónica, sobre la posibilidad de que grupos neonazis o un miembro de ellos estén relacionados con los ataques, la policía judicial afirma “que no descarta ninguna posibilidad”. Extraoficialmente, sin embargo, un investigador afirma que el ataque indiscriminado con arma de fuego sería más cercano a “un desequilibrado cercano a grupos de extrema derecha más que a un grupo islamista, que suelen privilegiar los explosivos”.
La oficina del alcalde de Toulouse afirmó que, “las pistas indican que las motivaciones fueron antisemitas y racistas, pero aún no se puede afirmar con certeza si el asesino hace parte de un grupo organizado”.
“Por el momento vivimos un duelo nacional que une a todos los sectores y lo que menos queremos es que lo que pasó se vuelva un argumento político”, comenta Guillaume Ayne, secretario general de la ONG, S.O.S. Racisme que ha invitado a una manifestación contra la Extrema Derecha en la noche de hoy, “pero tampoco podemos negar que en esta época de crisis hay una tendencia a echarle la culpa a ciertos sectores de la población. Cuando todo mundo se siente con el derecho a usar el racismo como argumento, hay gente que escucha y se siente con el derecho a pasar de la palabra a los hechos”.